Dolina y el problema del lenguaje.

Alejandro Dolina es uno de esos tipos inclasificables. Es músico, escritor y a veces periodista. Pero su mayor virtud es no sobresalir en ninguna de esas facetas, sino amalgamarlas. Entonces, por un defecto de la lógica (o por una amplitud de las funciones), nadie sabe bien cómo llamarle.

En cierto momento a alguien se le ocurrió una idea brillante: si no sabés cómo decirle, decile "intelectual", que es decir mucho y nada al mismo tiempo. Y desde ese entonces, Dolina quedó circunscripto a la secta de los intelectuales, junto a otros especímenes menos agraciados como Sebreli, Mactas o Pacho O'Donnell, por ejemplo. En una taxonomía injusta, pero válida.

El "negro" nos genera una dificultad en las palabras porque, como se dijo, es inclasificable. Pero lo que hace -que vaya a saber uno cómo se llama-, es una maravilla.




No hay comentarios. :

Publicar un comentario