Esos medios...

Lo que voy a decir es casi una perogrullada, pero hay que decirlo. Los medios de comunicación son eso, medios. En otras palabras, lo que intermedia entre uno y una realidad que por negligencia o por falta de tiempo (que es otro tipo de negligencia) no se quiere o no se puede ver. El periodismo apenas es otra cosa que la parte práctica del jueguito.

El problema está en pedirle al periodista y al medio que sean objetivos, que "reflejen" la realidad. Cosa que no resiste el menor análisis. Todos sabemos -más bien, deberíamos saber- que la realidad no se refleja, y que pensar eso es caer en un realismo estúpido. La realidad se deconstruye, se resignifica, se reconstruye y, por último, se elabora un discurso con esas técnicas asépticas que se enseñan en las facultades. Cosa que de reflejar no tiene nada y tanto menos de objetividad.

No tiene nada de bueno que sepamos esto porque no lo podemos hacer llegar. Muchísima gente piensa que el periodista y el medio dicen la verdad porque, quizás como Aristóteles, piensan que la única verdad está en la realidad. Aunque la realidad sea una construcción y la verdad un convencionalismo. Así, deberíamos empeñarnos en demostrar y aplicar el "ridere, lugere, detestari" Nietzscheano, en lugar de seguir escribiendo como nos enseñaron, con esa prosa estéril apta para mercenarios. Y ahí estaría la verdadera libertad.

Los medios hacen negocios con los presupuestos de verdad y de realidad. Y ante las presiones políticas o económicas, responden con el combo de libertades: prensa+expresión, que en realidad significa reservarse el monopolio de la presión para censurar las libertades de sus empleados o, en última instancia, denigrarlos, expulsarlos y exiliarlos de la profesión de periodista.

Pero al final, la pregunta es la de siempre, la única que vale cuando llega la hora de pagar las cuentas: ¿dejarías a tus hijos sin comer por defender un ideal? Y ahí la realidad, que es un texto del que no podemos escapar, asesta el cross de derecha a la moral.

Sin embargo, hay que decir que la dignidad también se construye en las malas y que lo importante es no aprenderse a traicionar.

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