¡Ay Bergoglio querido!

Este fin de semana se llevó a cabo la caminata a Luján, donde los fieles van a pedir, a cumplir promesas, a pasear o a, por lo menos, poner en relieve el estado cardiovascular.
No nos vamos a meter con la fe porque en sí, la fe requiere de la renuencia al pensamiento crítico y en la vida, el pensamiento crítico es (casi) todo. Si la pregunta es por qué una y otra cosa son antinómicas, es tan simple que da gracia: la religión se sustenta en la palabra de dios, donde se halla la última y más completa verdad, o sea, es un absoluto y el fin de todas las discusiones.
Pero no hay por qué negarlo, es un lindo espectáculo, muy conmovedor. La mayoría llegó con las patas a rastras y la fe incolumne, porque las distancias físicas, dicen, no afectan las cosas de la fe.
Y allá en Luján estaba Bergoglio. Y allá en Luján dio su homilía. Y allá, en Luján, con Bergoglio y su homilía salió como en un descuido, una frase que quedó picando porque, claro, para los medios lo importante fue la procesión larga bajo el rayo del sol.
El cardenal primado dijo: “Que esta Patria para todos nos consolide como hermanos en la herencia patriótica de nuestros mayores”. Entonces surgen preguntas, ¿cuál es la herencia patriótica de nuestros mayores? ¿Los mayores de quién? ¿Son todos nuestros mayores iguales? Esa frase suena a “haya paz”, ¿pero qué tipo de paz si no sabemos de qué mayores hablamos?
La frase es retrógrada en sí. Pretende retrotraer el camino de la sociedad hacia la herencia, sin especificar cuál. Porque si hemos de analizar la historia argentina, mucha herencia patriótica no hay y mucho menos pacífica.
Nuestros mayores vivieron los cataclismos de la democracia, gobiernos electos, tibios, débiles y dialoguistas como todos los gobiernos radicales que fueron volteados sistemáticamente. O bien, tuvieron gobiernos autoritarios como los de Perón que algunos como Pablo Feinmann justifican en pos de cambiar la distribución del ingreso y la factoralidad de los derechos de los trabajadores o, como una especie estúpida de argumentación, dice: “en el peronismo se torturó menos”… por lo menos hasta las bandadas criminales de la Triple A, la insurgencia terrorista de los “Formaciones Especiales” y la brutal sangría del terrorismo de Estado.
Sin embargo, Bergoglio habla de “la herencia patriótica de nuestros mayores”, cosa que va muy de la mano con la idea de “pueblo”, que todos toman de manera excluyente, del tipo: “nosotros somos el pueblo, aquellos son otra cosa”.
No obstante, el cardenal da más señales a lo que se refiere con sus mayores y su pueblo, cuando dice, “Y si nuestros mayores nos enseñaron a confiar porque visitaron a la Virgen en la gloria y en la tristeza, nos confirman ellos también lo que el pueblo argentino siempre hizo en este sitio: confiar en quien prometió cuidarlos”. ¿Serán esos los mayores, los del “Cristo vence”, cuyos retoños entablaron una guerra santa contra la ley de matrimonio homosexual, por ejemplo?
Ninguna palabra de los miembros de jerarquía de la Iglesia Católica es azarosa, porque de serlo marcaría un severo rasgo de irresponsabilidad. ¿Y tan grande es el poder de la institución iglesia? Como ejemplo se puede decir que un hombre condenado en dos instancias por corrupción de menores, como Julio César Grassi, sigue en libertad. Quizás “corrupción de menores” no es lo suficientemente gráfico. Esto es: se cogió a un pibe, le dieron condena, se la ratificaron y sigue en libertad. Y lo que es más grave, puede seguir dando los sacramentos, tan caros a la cultura católica.
Acaso Bergolgio se refiera a otra herencia patriótica, la de la “quinta potencia del mundo”. Esa potencia económica usufructuada por el 1% de la población, sin redistribución, sin conciencia social, que entendía lo “patriótico” como un reditúo económico a sus propios bienes. Vale recordar que en ese entonces, la clase dirigente era una gran familia, este pariente con aquel, y aquel con este otro. Y los dividendos de la “quinta potencia” se manifestaban como una división de hectáreas de una chacra, familiar y bien cuidada. De ahí quizás venga que Buenos Aires sea Buenos Aires y el resto, el amplio yuyal para arriar las vacas. ¿Será eso a lo que se refiere el Capo de la Iglesia Argentina?
El Cardenal Jorge Bergoglio dio en Luján una homilía sobre la igualdad, que de igualdad no tuvo nada; sobre una herencia patriótica dudosa, porque en la historia la palabra patriota dejó tendales de muertos. Entonces esa paz que exhala Bergoglio se parece tanto a la paz de los muertos que deberíamos preguntarnos de qué lado están sus favoritos.
Si no hay Estado laico, la república marcha renga con una cruz como estaca que la atraviesa de lado a lado. Sobre esto deberíamos estar pensando cuando nos hablan de una “herencia patriótica” que hiede a naftalina, la misma del “Cristo Vence”, la misma para los cuales los distintos porque son distintos, son nada o casi nada. Ahí, por ejemplo, si sos puto, no hay igualdad, patria ni herencia que valga. Y nuestros medios de cada día, siguen sin decir una palabra.

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