¿Dónde están los pobres? Lectura del exilio informativo

Una pregunta que debería incomodar a más de un medio es: por qué los pobres no son sustrato periodístico. Y Quizás la respuesta descarnada y brutal sería que la problemática de la pobreza no vende publicidades, y las publicidades mantienen a los medios. Y si hay algo que le venden los medios a los publicistas es, sin lugar a dudas, audiencia, ¿pero qué tipo de audiencia? La que pueda gastar.

Es evidente que los pobres son incluidos en las noticias cuando o bien la catástrofe es grande, o cuando los crímenes son violentos, o cuando afectan otras clases sociales -tanto más si afectan a otras clases sociales-. Por lo general, son sustratos de materia periodística en términos de víctimas o victimarios si la escala necesaria de brutalidad se ajusta para hacerlos noticia.

En cambio, el robo de la casa de Lino Patalano, por ejemplo, está en todos los diarios y se repite vez tras vez por los canales de noticias. De hecho, el robo de un maxikiosco en Capital Federal pareciera ser más “noticiable” que una muerte en las barriadas… claro, si esa muerte no tiene las características morbosas del tipo, “mató a su mujer de 35 puñaladas y luego se suicido”, o un raid delictivo que termina con la balacera a una mujer embarazada.

La barriada no existe, la barriada se oculta. No hay un ejercicio de análisis sobre la problemática de la pobreza, ni de la comunicación de esas cuestiones. Se llegan a extremos en los que mucho tiene que ver las crónicas policiales. ¿Y los temas de sociedad? ¿Acaso no crece la villa a espaldas de la zona “más top” de la Ciudad de Buenos Aires?

Sobre esto se ha escrito mucho. Hay una exclusión del pobre de los medios o, más bien, hay una dualidad. La inclusión del pobre en términos policiales, con una diferencia sustancial en la implementación del lenguaje de representación de la problemática de la pobreza.

Por ejemplo, los pobres que cortan rutas porque no los oye nadie, son piqueteros que alteran el orden de la república; en cambio, los “vecinos de Caballito” -cito textual, y puede cambiarse el sitio por cualquier otro que se apetezca de las zonas más favorecidas de la Capital Federal-, cortan avenidas en reclamo de sus derechos, o de sus servicios, dependiendo de si es que el problema es la falta de luz o el levantamiento de una plaza para construir un garaje… Pero los pobres no son "vecinos", son irreductiblemente pobres.

La otra parte de la dualidad, la exclusión de los pobres del “universo informativo” se da en todo lo demás que venimos citando. Y en la parte intermedia, entre la inclusión criminal y la exclusión simbólica y conceptual de la pobreza, está el tema de la inseguridad: todo problema que conmueve a una clase social más alta, en la clase social más baja es peor, cualitativa y cuantitativamente. La violencia es peor y más habitual, los asesinatos son más horrorosos, la renuencia de la Justicia es palpable, la ausencia de los medios es absoluta, o casi. Porque para ser justos, hay honrosas excepciones como algunos programas de Andrés Klipphan.

Pero así como hay excepciones, también hay otros casos que tienden a reafirmar el estereotipo. Programas, informes y crónicas que muestran a las barriadas violentas, salvajes, donde lo que importa es el choripán, el paco, la corrupción y una maraña de punteros. Y ya todos sabemos -o todos deberíamos saber- que los esterotipos son, como mucho, la maximización de un prejuicio y la reducción al absurdo, y para caer en ellos hay que tener pocas ganas de pensar. En términos informativos, todo pobre es en cierta medida un excluido de los grandes medios.

Los medios de alcance nacional tienden a la fiebre del reduccionismo, de que todo lo que ocurre lo hace en Capital Federal, luego en el norte de la provincia de Buenos Aires y sólo si la cosa es muy grave, en el resto de esta provincia. El resto del país pareciera no existir. Y cuando se dirige la mirada al NOA (Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco y Formosa), donde las necesidades y la pobreza son más urgentes, es dable preguntarse, ¿es posible más exclusión que esa?

En la barriada, quizás pocos lo sepan, también ocurren cosas hermosas. Crece la hermandad de saberse ignorados y se pelea hombro con hombro contra los desmanes de la droga, de la inseguridad (de todo tipo) y de esa infamia que es el hambre… ¡Mirá que lejos que está esto de los estereotipos de Rolando Graña!

No obstante, hay medios marginales que con gran altura tratan sobre los temas de los que no tienen nada, o tienen poco, o tienen algo. Son medios de gente que le pone empeño a la comunicación como elemento de formación, información y cambio. Uno particularmente bueno es "Mundo Villa", que no tiene nada que envidiarle a nadie, salvo el presupuesto.

Pero quizás la reflexión sea triste: hasta que los pobres no aprendan a vender publicidad, no hay información masiva que les valga, no hay acción periodística que les llegue... ¿Y si las cosas no pasan en los medios, realmente pasan? Claro que pasan, pero pocos se ofrecen a interpretarlas.