El “Malevo” Ferreyra, el absoluto y la duplicación

Cuando el “Malevo” Ferreyra decidió pegarse un tiro en la cabeza, “en vivo y en directo”, por Crónica Televisión, todos quedamos consternados. Quedó grabado a fuego el “María, me despido” y la explosión seca del arma. Después vino el espectáculo nigromante de la cámara clavada en los sesos desperdigados del hampón y la voz ahogada por el llanto de la movilera. Sin embargo, fue tan repugnante como atrayente. Y la pregunta fue -o tendría que haber sido-, por qué. Pero no haciendo referencia al show en el que luego se transformó esa noticia, sino a la negra magia de una muerte en vivo. El caso de “El Malevo” es un ejemplo -sólo un ejemplo de los tantos-, pero nos sirve y podemos ensayar una suerte de explicación

Las noticias viven de la duplicación. Es decir, los hechos ocurren dos veces, primero en lo que podríamos llamar realidad y después en la confección de la noticia, lo que viene a ser una realidad elaborada. Así, es usual que se piense que lo que no sale en las noticias no existe, y que lleva a una conceptualización un tanto perversa de lo que existe y lo que no.

Así como los hechos tienen –por lo menos- una reelaboración, también tienen dos resignificaciones, la del mediador con todos sus componentes y la del receptor final. El hecho trágico en vivo es algo a lo que los espectadores no están acostumbrados porque de la noticia no esperan tanto la información como el show. El operativo policial, las declaraciones de rigor, el juicio de valor velado por parte del conductor y a otra cosa. O lo que es lo mismo, a la otra noticia. La noticia anterior desaparece en el vértigo del show y a lo largo del día es como si nunca hubiese existido.

Pero los hechos trágicos, que son los que marcan lo absoluto de un momento presente, dejan marcas… generalmente de pavor. En el momento en que el “Malevo” gatilló, no había más presente que ese, ni para el actor ni para los espectadores. Ese es el poder totalizador de ese instante inasible que denominamos “ahora”.

Ese “ahora” sin difusión, sólo tiene una trascendencia particular o para un grupo reducido de personas. Si el “Malevo” se hubiera descerrajado un tiro solito en el sillón de su casa, jamás hablaríamos de esto. De hecho, entraría en el campo del “como si…” y se hubiera ahogado en alguna notita de algún diario regional.

Sin embargo ocurrió y se hizo patente por televisión. Ahí existió, se convirtió en un fenómeno de masas y, después del shock, comenzaron las resignificaciones y las relecturas porque, aunque sea una obviedad, la televisión sólo repite lo que sale en ella, es autoreferencial. El cadáver de Ferreyra se transforma en patrimonio de la televisión y ella se encarga de hacer y deshacer cuantas veces quiera. ¿Qué se logra? Vulgarizar el impacto, hacer del momento absoluto un lugar común y alejar el temor de esa imagen. Porque si algo le tiene miedo al hombre es a la idea del temor, a sentirse atemorizado. Y la TV sin filtros atemoriza por lo “total” de un momento que no es el nuestro.

Todos se acostumbran a su propia secuencia de “totalidades” por el mero hecho de vivir, porque no queda otra. Ahora, la TV sin filtro en el hecho trágico es hacer un híbrido por un instante entre lo absoluto de uno y lo absoluto de otro, lo que lo transforma no en una aberración sino más bien en algo pavoroso.

El terror a lo real del otro hace que se tienda a aceptar los filtros de las noticias, las dobles resignificaciones y, a la larga, se toma por costumbre el llamar a eso realidad y al periodismo, reflejo de la realidad, lo que es en sí un oxímoron.

No hay una realidad concreta, dura y específica ni en una noticia ni en la actividad periodística, hay un acto de interpretación. Una interpretación que a veces es una fatalidad y otras veces una burla.

Como se dijo antes, el “show de la noticia”, sobre todo en el auge de los canales de noticias donde todo es noticia, hasta lo que no lo es, requiere de la reiteración. O sea, una reiteración incesante de la duplicación. ¿Y qué pasa cuando se repite hasta el hartazgo el hecho trágico? Se transforma en parodia, una parodia gruesa triste y sin gracia, que luego forman los comentarios de los bares, “Che, ¿viste como se voló la tapa de los sesos ese loco de mierda?”, “Lo vi un toque, pero estaban pasando los goles y cuando volví, ya estaba terminando”.

Por eso, como una definición, se puede decir que hay cosas más urgentes que pegarle a Tinelli por pasar un culo lustroso en prime time porque, precisamente, cosas más graves requieren de nuestra atención.

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