El periodismo del pajarito (La posmodernidad al palo)

El 26 de septiembre el diario Clarín sacó como nota de tapa: “La Presidenta atacó a la justicia por Fibertel a través de Twitter”, y algo que venía siendo subyacente también se puso en tapa: no el uso, sino el abuso de esta red social en materia periodística.

Twitter es la herramienta social que está arruinando al periodismo o, mejor dicho, los periodistas están arruinando el periodismo a base de tweets. ¿Es necesario decirlo tan taxativamente? Sí, lo es. Porque al parecer, los periodistas en lugar de buscar fuentes de información, buscan tweets, que en 140 caracteres hasta tienen formato de título. Pero el título no hace a la nota y la nota no se hace sola.

Hacer un análisis en base a los miniposts de un funcionario es poco serio, sobre todo porque falta el background o sea, el contexto y lo que es peor, hacer análisis del discurso en 140 caracteres es una falta de respeto al lector y a la labor periodística. Una frase se puede descontextualizar en formas casi infinitas, y amplia experiencia tienen en esto los editores, tanto los de medios gráficos como los que producen los informes enlatados de los programas de archivo, por citar algunos: Televisión registrada, Zapping, 678 (que tendrá su texto en algún momento).

Cualquiera puede escribir en su twitter lo que se le antoje, desde el funcionario público -porque no está reñido con la ética pública- y la vedetonga del momento, hasta la persona común y silvestre que anda con muchas ganas de perder el tiempo. Pero de ahí a que eso sea sustrato de material periodístico, no hay un trecho, hay un abismo.

Como mucho, para un periodista que tome su trabajo con profesionalismo, el tweet le servirá como un indicio, como una punta de información que luego deberá (o debería) profundizar, porque el twitter es fragmentariedad e instante, y la noticia es repetición, análisis y continuidad. Para hacer una noticia en base a un par de esos mini-posteos, hay una doble incompatibilidad, de forma y de fondo. Entonces, hay una falacia en el método discursivo de la nota. Conjugar dos cosas distintas, como ser dos tweets separados, ya es desvirtuarlos. Y, en todo caso, para no tener que acometer esas imprudencias hay algo que se llama: entrevista informativa. Algo que muchos parecieran haber olvidado. Pero también en este campo del recurso periodístico se impone la red social de la cual hablamos.

En los medios audiovisuales el modus operandi es parecido al de los medios gráficos, pero se suma un elemento más: la entrevista twitteada -por decirle de algún modo-, donde la mayoría de las preguntas se formulan según el esquema: “¿Qué opina sobre lo que escribió xxxx en su twitter sobre esto otro?”, de ahí viene otra pregunta aclaratoria sobre el tema donde el entrevistado puede hacer referencia a su propio discurso, para volver a la pregunta original con un actor distinto.

El twitter, como red social es innovadora y aportó grandes cosas al periodismo, como por ejemplo los posts del presidente ecuatoriano Rafael Correa, cuando estaba secuestrado y era inaccesible para los medios; así mismo, deja un sinfín de indicios y de puntas de información a la mano. Pero también aportó calamidades, como esta nueva manera de hacer noticias, que pasan de ser irresponsabilidades particulares a formas de acción de la “patria periodística”. Ya que el periodista, como comunicador, tiene la responsabilidad de agotar sus métodos para ampliar sus cosmovisiones y luego hacer la interpretación (acá volvemos a lo mismo de siempre, el periodismo objetivo no existe, hasta en la elección de un verbo, de un adjetivo o en la forma aséptica de redacción aprendida, hay una interpretación de los hechos).

En la red, como acotación, está “140” (http://140.perfil.com/) que es bonito e innovador, pero que tiene la misma precariedad informativa de las tías viejas chusmeando en una esquina, a la salida del almacén.

Para ser claros al final: esta red social puede conjugarse como una herramienta más en la búsqueda de la información, pero es insuficiente como para establecerse como sustrato periodístico único, lo que requiere un replanteo radical de las técnicas informativas.

Quizás el periodismo esté siendo víctima del auge de una moda... una moda que ojalá no se transforme en tendencia.

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