Habemus censo

La palabra imbécil nos viene del latín como un término puramente descriptivo. Se aplicaba a los impedidos que utilizaban un bastón para caminar (Becillis=bastoncito). Con los años el mundo ganó en maledicencia, quizás porque la expectativa de vida de las tías viejas aumentó o simplemente porque sí, y se aplicó a la cuestión de la muleta mental, es decir, al pelotudo.
El problema real de la imbecilidad es que no reconoce nivel de estudios ni clases sociales, tampoco ideologías. Así, imbéciles hay en todos lados. Pero todos o casi todos aplican el mismo estratagema: el reduccionismo. Pero no como una triquiñuela de las falacias lógicas sino como una fatalidad. Y el reduccionismo como fatalidad carece de gracia, de guiño cómplice… es más bien una suerte de miopía intelectual.
Por estos días, no es raro ver y escuchar cierta gente que dice, palabras más, palabras menos, “yo no me censo nada”, seguido de una retahíla de adjetivos un tanto vulgares y absolutamente previsibles hacia la gestión en proceso, hacia la falsedad actual de las estadísticas y hacia otros varios etcéteras. Por lo que cabe preguntarse dónde está la falla, si en el desconocimiento o en la poca perspectiva.
Sin embargo, podemos permitirnos cualquier cosa menos dejar de pensar. Y aquel que dice “que me censen esta” ya sea por desaprehensión de las políticas a futuro o por simple odio visceral contra el emporio kirchnerista, debería pensar dos veces. Porque más allá de la afinidad política, el censo 2010 es lo que va a regir las estadísticas y los planes nacionales de los próximos 10 años, es decir, de las próximas tres gestiones. Y salvo que se sea anarquista, -pero anarquista en serio, abrazado a las barbas de Bakunin-, las estadísticas que se produzcan serán de importancia capital para el futuro próximo del país.
Si bien es cierto que este operativo fue bombardeado sin pausa por algunos medios con permanentes mensajes sobre la inseguridad y el peligro de atender al censista, la trama del “censo del miedo” fracasó, tanto o más como las lecturas escabrosas de la utilización de los resultados por la gestión Kirchner. Hay que entender que no hay rédito político inmediato en esto más allá de la realización de un registro prolijo, sobre todo si se tiene en cuenta que los resultados definitivos estarían para después de las elecciones presidenciales del 2011, por lo que los “conspiranóicos” pueden ir destejiendo la madeja.
Pero diga lo que se diga, algunos -muchos o pocos- que seguirán con la negativa, y así este texto se torna circular, borgeano, interminable, donde todo termina por el primer párrafo para volver a empezar, con una variable que se suma de manera especulativa y aleatoria, que dice “y qué querés, con este país de mierda…"

No hay comentarios. :

Publicar un comentario