La no metáfora

Estos días todos se golpean el pecho por “Maradona como metáfora argentina”, una nota que hace agua por todos lados y que publicó el diario El País de España. Pero así como la nota es falaz y superficial, hay cosas que no cambian y hay cuestionamientos que no se hacen. Uno, para empezar, debería ser las deudas de la democracia.

El caso de Luciano Arruga es la representación de, si no todas y cada una de las deudas nuestra democracia, por lo menos de gran parte, porque está desaparecido como Julio López, pero con menos prensa y, por ende, con menos relevancia aparente. Pero, ¿sabés quién es Luciano? Si la respuesta es que no, ¿será que es más importante lo que se dice en los medios que lo que pasa?

La figura del desaparecido es similar a la paradoja de Schrödinger. Está vivo y muerto al mismo tiempo, en un estado indefinido que sólo tiene un final posible en la resolución. Pero cuando la realidad tiene paradojas de este calibre, todo se empieza a resquebrajar, el tejido mismo de la construcción de lo real.

¿Por qué los medios no informan, porque Luciano era de una barriada del conurbano? ¿Acaso hay cuestión más perversa que asignarle criterio de noticiabilidad a la vida o a la muerte dependiendo del lugar? De ser así, no sólo es patético, es aberrante.

Hablar de los desaparecidos de la dictadura dejó de ser un tema tabú, porque la consciencia general es que esa época tenebrosa no volverá jamás, entonces se torna un tema de debate. Pero no es tan sencillo hablar de los desaparecidos de la democracia -ni de los muertos de la democracia-, porque eso implica un replanteo del hoy, de la noción de la actualidad y, más bien, de nosotros mismos en el hoy. Y ese replanteo necesita de acción drástica y urgente.

Maradona no es la metáfora de la Argentina porque no hay metáforas para la Argentina. Hay preguntas y dudas llenas de dolor, de fastidio y de bronca, que destruyen la simbología. Y mientras tanto, ni Luciano, ni Julio López, ni otros tanto sin nombre, están para ayudarnos a decidir si la nota de El País es una reductio ad nazzium.

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