Murió Kirchner

¿Esto cómo se escribe? Ser ecuánime con la muerte de Néstor Kirchner es imposible porque eso depende de dos cosas, de la intención y de la percepción. Y hoy, con una parte de la Argentina sumida en el dolor y otra ensalzada en un festejo repugnante, escribir cualquier cosa es ponerse en la línea de tiro de ambas partes.
Sin embargo, los analistas políticos están de conga, empiezan con las conspiraciones, las variables, los candidatos, las postulaciones y la mar en coche. ¿Pero alguien se preguntó alguna vez qué es un analista político? Se sabe que pululan por los pasillos de los canales y “freelancean” en las redacciones de algunos medios, ¿pero alguien tiene idea de qué es lo que en realidad son? ¿Hay una carrera de analista político? ¿Se estudia o es, digamos, el puro “caretaje” de vender lo obvio como si sonara interesante y, encima, equivocarse en el pronóstico?
Uno de los especímenes predilectos es Rosendo Fraga, al que en su larga carrera de dislates jamás se le ha visto pegar una ni por asomo. Ayer, en el portal del diario La Nación, publicó “Sin Kirchner, Cristina puede asumir el poder” una nota bastante curiosa, que es un adalid de la falta de respeto y del yerro desde el título porque, a saber, el poder no se asume, se ejerce. No entenderlo, en política, es directamente no entender la política.
Ya vendrán tiempos para escribir panoramas cuando el shock pase, aunque sin dudas desde ahora se tejen estrategias que los de afuera no pueden siquiera sospechar, cosa que incluye a los analistas, a los consultores y a los más relacionados vividores de la política. Pero hacerlo hoy es faltarle el respeto a un montón de gente en su dolor de haber perdido a un líder.
Porque a Kirchner pudo habérsele discutido cualquier cosa, excepto la maestría para manejar las relaciones de poder, y ese es el trabajo de un líder. La cuestión del método de ese ejercicio de poder, sea desde la lógica dialoguista o la del "farmer" es un tema de gustos. Y hoy sobre gustos no debería escribirse nada.
Sólo podemos decir una cosa que es evidente, con la ausencia de Kirchner se hace patente el vacío. Todo giraba alrededor de él, desde ya el oficialismo, pero sobre todo la oposición, que sin ideas propias para amalgamar su espacio, encontró en el ex presidente el hilo conductor para una unión sin un núcleo real que deje de sonar a perorata.

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