Tinelli y la "patria intelectual"

Los aspirantes al mundillo intelectual -aunque nadie sepa bien qué significa eso-, parecen ver en Marcelo Tinelli una suerte de anticristo o de chacal que banaliza la cultura con su ciclo de “gerundios por un sueño”. Quizás, alguno que otro elucubre que sus productos livianos, con aire de kermese prostibular alejan a las personas de su problemática de clase -por usar un lenguaje de izquierdas- o de los problemas urgentes de la sociedad, o que son programas que no dan nada a cambio más que un par de culos y cartón pintado.
Es probable que muchos de los intelectuales iniciáticos pasen sus tiempos libres escuchando a Chopin y leyendo a Borges, y otros analizando por qué el peronismo es un proceso burgués que priva al “proletariado” de su consciencia de clase. Pero salvo que se pretenda una “patria de filósofos” -que a lo largo de la historia posiblemente sólo existió en la cabeza de Platón-, esos planteos son absurdos. Y no sólo eso, son hipócritas. Porque en los tiempos de la posmodernidad, nadie puede erigirse ni como vector moral de nada, ni como pilar del bon goût.
Es cierto, los programas de Tinelli no ofrecen nada, pero tampoco tienen la necesidad ya que se plantea como una cuestión de esparcimiento. Y aparte de reivindicar el pensar, también nos vemos en la necesidad de reivindicar la risa liviana del espectáculo grotesco, con esa camada de pelafustanes que se pelean por contrato. Esto es un punto de descompresión. Y como tal, hermana en cierta medida al que lo tiene todo y al que no tiene nada, porque reírse también es universal.
Ahora, se pueden criticar los “equis por un sueño” desde muchos aspectos, desde la cosificación de la mujer en tanto un culo y un par de tetas, hasta transgresión de un conjunto de valores un tanto difusos, que se suele poner en palabras con el “mirá lo que les enseñan a los chicos”. Pero si se tiene en cuenta que la cosificación de la mujer en esos términos existe desde que el teatro de revista es teatro de revista, y que no importa lo que se le muestre a los chicos siempre que se tome conciencia del rol parental, esas críticas son válidas a nivel argumental, pero en lo fáctico dejan bastante que desear.
El “Marce” es inteligente. Sabe que para seguir obteniendo dinero tiene que apuntar a los puntos básicos del estereotipo: que los hombres son sustancialmente “babosos” y que a las mujeres les gusta el espectáculo (para mis adentros pienso que las mujeres también son igual de “babosas que los hombres, pero como no lo puedo demostrar, lo dejo como una conjetura). Y ahí radica el secreto de su éxito. El que pretenda otra cosa, puede ir cambiando de canal.
En términos conceptuales, no hay grandes diferencia entre una mujer moviendo el culo delante de la cámara y un muchacho corriendo una pelota. Las dos cosas forman parte de un negocio importante, que es el negocio del esparcimiento. Por eso es contradictorio criticar los programas de este tipo y festejar la decisión del fútbol “gratuito”, que de gratis no tiene nada. Deberían alentarse las dos cosas por igual o defenestrarlas de igual manera… aunque el fútbol es algo muy caro para los sentimientos del público argentino.
Debería pensarse que así como la reflexión crítica tiene su momento y lugar, el esparcimiento vacuo también lo tiene, sino se cae en esa imposibilidad histórica de la “patria de filósofos” y en un jacobinismo hipócrita de ir pasando a degüello a quienes de una manera sinceramente particular disfrutan de ese estado de ataraxia, que es uno de los respiros en un mundo que se sumerge en el vértigo.

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