¡Categorías!

En estos días ocurrieron dos episodios que sin lugar a dudas están correlacionados. Por supuesto, estas conexiones se hacen a posteriori, porque la historia no tiene un sentido que se devela progresivamente. Cuando mucho, se pueden observar líneas de fuerza después y en un sentido precedente.

Una amiga me preguntó en medio de una lección de teoría de la documentación algo estrafalaria, “Cristian, por qué las personas tienden a poner todo en categorías”. Mi respuesta fue lógica, corta, medio enigmática, como siempre, “porque es una forma de aproximación a la realidad”. En sí, hay muchas formas de acercamiento a la realidad, la física, la filosofía, la antropología, etcétera. Pero también está la que usa la gente a la que no le interesa ni la física, ni la filosofía, ni la antropología ni los etcéteras.
La aprehensión del todo es imposible, entonces elaboramos casilleros y metemos ahí partes de la realidad en la medida en que las vamos resignificando. Acá decimos realidad como un todo, después, si es una construcción o si no lo es, si tiene un sentido o si no lo tiene, si existe dios o no existe, si es puro azar o si hay una predestinación, no nos interesa.
Entonces, con sus partecitas de realidad y sin hacerse muchas preguntas –porque las partes no son el todo y la suma de las partes arroja un resultado inferior a la totalidad-, la gente vive más o menos contenta.
Las categorías vienen dadas por aproximación. Si digo casa, es una casa, hogar, lugar donde vive gente… hasta un departamento puede ser colocado en la categoría casa sin que nadie se ponga colorado. Si digo esternocleidomastoideo, es anatomía, aparato locomotor, músculo. Podemos seguir así, sucesivamente, pero la idea ya es comprensible.
Hasta acá la cosa es bien simple, y es seguro que van a venir los “intelectuales” del barcito de Sociales a decir que esto es racionalismo puro y duro, pero cuando se queman las tostadas, por lo general, no se analiza la teoría del conocimiento, ni si existe el superyó o si dios juega a los dados o al tiro al blanco.
El problema comienza cuando la realidad se resiste a la categorización. Cuando no se puede categorizar hay problemas de comprensión… de hecho, esa parte de la realidad no se comprende y realiza una deflexión. ¿Alguien intentó hacerle comprender a la abuela de 90 años qué es el Facebook, el Messenger, el Twitter o la tecnología 3G? Las respuestas en un marco amplio (aunque no absoluto), se dividen en dos:
  1. Ah, es un “chirimbolo” o A’) Esas “porquerías”.
  2. La juventud está perdida.
La categoría “chirimbolo” o “porquería” que son idénticas en su significación, no separan en el cuerpo del conocimiento al contenido de esa categoría sino la ignorancia sobre ese contenido, ya sea por desconocimiento, desidia o lo que fuere. Sobre esa ignorancia procede el juicio de valor: “la juventud está perdida”.
Entonces, ¿qué cosa son las categorías? Puede decirse que son partes de entendimiento que se interrelacionan y que conforman un compendio superior. Ese compendio superior NO es la comprensión de la realidad, sino que es el andamiaje informativo sobre el que se analiza la realidad, por la simple razón de que el todo no es la suma de las partes, sino que las excede. Por eso estamos en ese interjuego de deconstruir la realidad, resignificarla, categorizarla, informatizarla y devolverla a la realidad, en un feedback y un feedfoward.
La comprensión de la realidad se da en la vida en sí, con las herramientas del andamiaje informativo constituido por las categorías de entendimiento y la adición del presente constante como un absoluto que nos traspasa.
Cuando hay partes de la realidad que no comprendemos, entramos en conflicto. Por ejemplo, cuando vemos que en oriente medio rematan a una mina a ladrillazos por adúltera, por lo general suscribimos a las categorías de la abuela de 90 años que trata de entender lo que es Twitter, pero le cambiamos el nombre. Nuestra ignorancia se devela en “bárbaros” o “hijos de puta”, que no son tanto juicios de valor como sí categorías. De ahí se vuelve a la realidad y al marco procedimental. Se envía a la OTAN o no, se hace un repudio mundial o no, se acepta que uno es ignorante en esa materia o no. Pero sin lugar a dudas se toma postura en un juicio de valor que, como tal, es válido. Lo innegable es que esas cosas en la realidad –en la realidad total, absoluta-, pasan y uno se aproxima a ellas por más de que luego se ponga refractario.
Uno aprende categorizando, devuelve interacciones a la realidad que son pasibles de nuevas categorizaciones, y de esa manera uno hace la realidad y la realidad lo hace a uno. Pero la conclusión excede a las categorías. Se encuentra en un estadio superior. Para esto desempolvamos un libro de Sartre y decimos parafraseando, que la importante no es lo que hacen de uno sino lo que uno hace con lo que hacen de uno, y con el análisis precedente podríamos preguntarnos, qué hacemos nosotros con lo que hacemos de nosotros mismos.
(El otro episodio es que Claro me cagó con el blackberry. Si leyeron el post llegarán a sus propias conclusiones. Si no, escribiremos de nuevo sobre el caso en particular).

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