La monserga intelectual

Cuando era jovencito tenía pocas aspiraciones, una de ellas era ser “intelectual”. Quizás los intelectuales de antes tenían un aire a “rockstar” que con el tiempo se fue perdiendo. Cuando uno ve que ahora los “intelectuales” son los que escriben libros de autoayuda, da cierta pena y, a la vez despierta muchas preguntas, una de las primeras es ¿qué fue lo que nos pasó?
Que ahora estén de moda tipos como Wayne Dyer, el pastor Stamateas o Ari Paluch da mucho en qué pensar, pero esa es otra historia que por el momento no va.
Cuando tenía 15 años quería ser intelectual. Entonces con unos amigos leíamos a Sartre –aunque nadie nos había dicho que para la Academia, Sartre estaba muerto, enterrado y a bastante profundidad como para que no saliera a retrucar-, tratábamos de entender a Marx, fumábamos mucho Nietzsche y algo de Bunge para rebajar y que la cosa quedara más bien variada. Pero de pronto se nos cambió el vocabulario y ya no nos entendíamos con nuestra franja etaria. Cuando uno decía “proletario” el otro lo miraba raro, muy raro, como diciendo “tenés que cambiar eso que estás fumando”.
Pero el problema empezó cuando crecí, aún antes de terminar la universidad. A la proposición “quiero ser intelectual” -que compartíamos con algunos amigos que se fueron quedando en el camino-, se le sumó una incógnita, la de definir qué es la intelectualidad o, dicho en otras palabras, en ¿eso de qué va?
Después vinieron los problemas de la adultez, la paternidad, los impuestos… en suma, la vida real. Y esas incógnitas y sueños quedaron un tanto relegadas. Así que en los ratos libres las saco a ventilar para que no se apolillen y para añadirle pedazos de respuestas que, como toda gran respuesta, viene fragmentaria y desigual.
Entonces, ¿qué decimos cuando decimos intelectual o intelectualidad? Es una pregunta grande y metodológicamente complicada como para seleccionar un corpus de estudio, porque todas las pretensiones de definición caen en el ridículo bastante rápido y sin mucho esfuerzo. Vayamos con algunos ejemplos.
Podemos partir de la palabra misma, intelectual, ¿qué es lo que denota? Un señor o señora que utiliza el intelecto. Pues bien, mi esposa cuando va al supermercado también usa el intelecto, porque aparte de ser una poetiza brillante y oscura al mismo tiempo, piensa tanto en las esferas de la poética como en el ámbito fáctico. Mi señora, antes de ir al supermercado, elabora una lista de productos, ¿esto es ser intelectual? Y no, nos deja la primera sentencia al borde de la carcajada.
Podemos probar con otra definición, y esta la sacamos de wikipedia porque parece bastante simpática al tiempo que juega con un aire de conceptualización más elevado, “Un intelectual es aquella persona que dedica una parte importante de su actividad vital al estudio y a la reflexión crítica sobre la realidad”. Esta requiere un análisis un poquito más grande que la primera. En principio genera tres incógnitas, ¿qué es lo que define por realidad? ¿A qué se refiere con actividad vital? Y ¿qué es lo que quiere decir con reflexión crítica?
Las tres preguntas son fundamentales. No hay una única definición de realidad y dependiendo de qué es lo que esté significando con ese término varía el significado de la proposición entera. Si la realidad es una construcción, entonces debería analizar los factores constitutivos del ejercicio humano que construye la realidad.
En cambio, si la realidad es un hecho en sí y para sí, representado como un concepto superior, también debe entenderse que ese concepto es inaprehensible por el ejercicio del intelecto, porque el todo es inabarcable y esto nos devolvería a la idea de dios, sólo que en este caso, dios es un intelectual. Aunque también nos queda aquí algo que a los “intelectuales” -en términos genéricos, porque todavía estamos en proceso de definición-, no les gusta y es el principio de pertinencia.
Por ejemplo, a mi me gustan mucho los libros de Epistemología de Mario Bunge y entiendo que en ese campo su conocimiento es pertinente. Ahora, cuando dice que el tango es música y el rock no, ¿su opinión es válida sólo porque es epistemólogo? Entonces se entra en la falacia de autoridad. El señor es X, entonces debe tener razón en Y; a esto en el campo se le decía juntar peras con manzanas, cosas que no tienen nada que ver. Su conocimiento no es pertinente en esa materia, por lo que su razonamiento no es ni más ni menos válido que el mío, el suyo o el de un chico de seis años.
También podemos decir que la realidad es fragmentaria, que hay varios atisbos de realidad y que yo la significo a medida que voy viviendo, convirtiendo el conocimiento sobre esta en algo propio, comunicable e intersubjetivo, lo que nos devuelve al problema anterior, que es la de la pertinencia y la validez del razonamiento.
Mi señora cuando elabora la lista del supermercado se enfrenta a una realidad muy real, fáctica diríamos, que es la siguiente: no morir de inanición con mi escueto salario de periodista. Esa realidad es fáctica, pura y dura.
Para evitar la inanición, realiza un análisis crítico y global en el que se suman: salario del esposo + inflación variable + multiplicidad de productos + ofertas en distintas cadenas de supermercados + carácter irritable del esposo + niño de seis años que sólo quiere juguetes y golosinas + tiempo determinado de duración de las provisiones en aproximadamente 30 días. Esta es una parte de la realidad sobre la cual yo, por ejemplo, no tengo competencia. Y si en este momento dijéramos que soy un intelectual, mi conocimiento no es pertinente en esta materia.
En lo referido a “actividad vital”, la cosa se pone peliaguda porque suena a existencialismo, o a giro hermenéutico y cada uno puede interpretar más o menos lo que se le antoje. Digamos, ¿actividad vital es la que se gasta el mayor tiempo de la vida, la que nos permite la sustentación económica o ambas juntas y al mismo tiempo? Si usted es periodista y pasa su día aplicando la pirámide invertida y las WH, seguramente eso es lo que le permitirá subsistir (a duras penas). Escribir es una actividad intelectual como pocas, sobre una técnica determinada en la cual se requiere cierta competencia, ¿pero podríamos decir que el muchacho sin firma que escribe policiales en diario popular es por esa tarea un intelectual? Si usted trabaja en un oficio raudo como por ejemplo la metalurgia y al llegar a casa se dedica a escribir poesía, ensayos, cartas de lector, ¿es eso la intelectualidad? Si es esto último, la cuestión de la “actividad vital” queda desestructurada y fuera de foco.
También podríamos inferir que actividad vital es aquello que “llena el alma” o que nos satisface en plenitud. Pero aquí tenemos nuevos problemas, primero preguntarnos si el alma existe o no, si los procesos mentales son procesos cerebrales (premisa con la que concuerdo), o no. Y luego la satisfacción en plenitud. Es cierto que nadie que se precie de escribir queda satisfecho con el escrito, porque lo que le da vida al escrito es el hecho de estar escribiendo, de aplicar algunos rudimentos a aquello que se escribe, pero eso no nos convierte en intelectuales, porque si acaso “llena el alma”, es por seguro que actividad vital, no es. Es, como mucho, una acción satisfactoria.
“Actividad vital” suena poético y lindo pero carece de rigurosidad y por lo tanto no es aplicable a una definición.
La última de las preguntas que planteamos tiene que ver con la “reflexión crítica” y amplía con el término de “realidad”, del cual ya nos referimos respecto de su variabilidad. Traduzcamos, reflexión crítica viene a ser una redundancia, la crítica hecha de manera responsable, es reflexiva en sí. En griego significa separar. Analizamos las partes… las partes de algo que no sabemos qué es, pero estamos seguros de que es algo. Analizar las partes, o sea, realizar una crítica no nos convierte en intelectuales sino en críticos. Requiere un compendio de conocimientos pertinentes sobre eso de lo que se trata y se reduce solo a eso.
“Somos críticos de X”, no somos “intelectuales de X”. La reflexión en términos específicos sobre un tema en particular es lo que se acostumbra llamar intelectual, pero ¿un físico es un intelectual? ¿Es un intelectual científico? ¿El matemático lo es? Volvemos a decir, el matemático tiene un conocimiento pertinente sobre las matemáticas y seguramente su expertice sobre el tema supera al de la media, pero si su conocimiento se circunscribe a las matemáticas o, con toda la furia a la lógica formal, ¿esto lo hace intelectual? Es un señor que trabaja con el intelecto, por supuesto, pero su ámbito es restringido y eso más que intelectual lo convierte en especialista de una rama particular de una ciencia particular dentro de un campo científico general. Esto también aplica al sociólogo pero aquí la pregunta es, ¿la sociología es una ciencia o un saber circunscripto a la variabilidad del corpus no científico? ¿Su tema central se trata sobre la sociedad en general o sobre partes de la sociedad? ¿Su conocimiento es pertinente para todas las discusiones que se enmarcan en lo social? ¿Si hablamos de historietas, su conocimiento es pertinente o impertinente?
Las preguntas son tantas que se nos acaban las palabras y, como siempre, no llegamos a nada, solo a rejuntar preguntas, a responderlas en cierta medida y por eso mismo a despertar otras, pero esto no es ser Intelectual, así, con mayúsculas. Es el mero hecho de pensar, como lo hace mi esposa antes de ir al supermercado, o los muchachos que deciden la recorrida de la juerga un sábado por la noche. Tienen exactamente la misma validez.
Por eso, antes de decir Intelectual, deberíamos pensar qué queremos decir y a quién se lo estamos diciendo para no terminar hablando de cualquier cosa en cualquier lado como por lo general hacen aquellos a quienes mal se titula “Intelectual”.
(La próxima continuamos con la segunda parte).

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