La filosofía y el sentido común

Según la opinión de mi señora y de buena parte del público, la filosofía está conformada por una manga de drogadictos que se ponen a divagar. Lo cual podría ser una idea bastante acertada si le ponemos el condicional. O sea, no sólo pueden divagar o no, sino que también pueden drogarse y ahí la filosofía explota.
Ahora, el filósofo es producto, si se quiere, de una forma de entendimiento, es decir de la filosofía. Sin filosofía no hay filósofo. Y sin filósofo, la característica del divague y de la falopa son irrelevantes porque, simplemente no hay sustrato material. O sea, un futbolista puede ser divagador y falopero, pero no por eso es filósofo, sino que es un futbolista con chamuyo y adhesión a las sustancias. Yo no soy filósofo, sin embargo pienso y divulgo, lo que no convierte a estos escritos en filosóficos. En los mismos términos, Fernando Savater tampoco es filósofo sino que es divulgador.
De esta manera, lo que el filósofo es, se torna irrelevante porque depende de una pregunta mayor y más compleja que, obviamente, no tiene una respuesta unívoca. La pregunta es: ¿qué es filosofía? O más importante, ¿a qué llamamos filosofía?
Parece un jueguito del lenguaje pero no lo es, porque una cosa es que algo sea esencialmente algo, para lo cual la respuesta sería –ahora sí-, unívoca y verdadera para siempre. Y otro tema es que definamos que algo es algo, con lo que la respuesta es consensual y variable en el tiempo, de acuerdo a las cosmovisiones, los medios de entendimiento, los avances de los procedimientos o la calidad de la droga que usen las generaciones posteriores.
Podríamos extendernos, pero ya nadie artículos largos. La interpelación interesante, la que merecería reflexión es la que venimos planteando, ¿la filosofía es lo que es, o es lo que decimos que es? Sin lugar a dudas es algo, porque es algo que a veces nos sucede (no se cometa la tontera de pensar que todo licenciado de filosofía desocupado en el mundo es filósofo).
Le sucede a la gente en el supermercado, en el taxi, así como también le sucede a mi señora y a gran parte del público que piensa que los filósofos son una caterva de drogadictos que divagan porque, al final, lo que plantean es esta pregunta a la que damos forma y en la que, sin lugar a dudas, mi respuesta es la menos interesante. Así que dejamos la pregunta abierta, como en la mayéutica o como en la falta de ganas.

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