Autoayuda. Fail. Error. Danger.

Hoy están de moda los libros de autoayuda. Debe ser por la edad, pero la cosa es que no comprendo el término y mucho menos la categoría.

¿Qué significa autoayuda, ayudarse a uno mismo? La lectura que podemos hacer de esa palabra es un tanto egoísta, ayudarse a uno mismo, excluir al otro de lo uno y, por eso mismo, convertir al otro en objeto de nuestra “auto ayuda”, como mucho. De otro modo, se procede a excluirlo directamente, transformándolo en esa porquería molesta que está entre nosotros y nosotros mismos. Pero la cosa es que… sencillamente uno no puede ayudarse a uno mismo, lo que puede hacer es, básicamente, vivir.

Podemos contraponer esto con la cuestión de la superación personal. La autosuperación no requiere de una autoayuda sino de un proceso de confrontaciones de uno con lo otro en una relación dialéctica. Suena un poco complicado pero atengámonos a la idea básica de confrontar, comprender y superar mediante la incorporación de lo otro. Suena a aprendizaje, ¿no?

No podemos generalizar qué significa vivir por el hecho de que entre 1500 millones de personas la definición tiende a cambiar, tanto más cuanto la comprensión es cultural. Pero lo que sí podemos hacer es tirar algunas líneas generales y ver cómo esto se relaciona (o no) con las proposiciones de la autoayuda.

Para comenzar con algo, podemos decir que vivir no es algo que se da o no, sino que es algo que mientras estamos vivos nos es inexorable. Es decir, usted puede tomar la decisión de pegarse un tiro en la cabeza, pero esta decisión la toma estando vivo. No podemos acá establecer categorías a priori de por qué alguien se pegaría un tiro en la cabeza, cosa que sí, por ejemplo, podría hacer la psiquiatría o la psicología que tienden a la normalización. Y así como no podemos establecer ese tipo de categorías, tampoco pueden hacerlo los libros de autoayuda porque carecen no sólo de pertinencia sino también porque hablar de esos temas no da bestseller.

Si excluimos la metafísica, la religión y nos acercamos a los hechos, lo que podemos probar es que vivimos, también podemos comprobar que cuando alguien se muere, efectivamente, está muerto. Para creer en el “más allá” necesitamos por lo menos un salto de fe. Pero si de fe se tratara, no veríamos esa nueva categoría de libros que abundan en las librerías top y en los kioscos de diarios.

La pregunta es ¿fe en qué? ¿Qué significa la palabrita fe, con todo el peso que lleva encima? La definición cortita nos dice que es “creencia, confianza o esperanza”, cosa con la que no estamos de acuerdo. Aquí diremos que fe es esas tres cosas al mismo tiempo. Se puede tener fe en cualquier cosa, de hecho, mucha gente le tiene fe a una cruz de madera y nadie se inmuta ante ese absurdo. También se puede tener fe en que la ciencia salvará al mundo o, por el contrario, de que lo destruirá, las dos cosas implican fe.

Tenemos claro que la fe es la muleta que ayuda a mucha gente a transcurrir la vida, es decir, funciona como una especie de placebo. Pero también, como una contradicción, muchas de las personas que dicen tener fe son los que consumen ese tipo de literatura que es un combo entre místico, pragmático y metafísico, con un resultado cómico e indignante en todos los casos, sin lugar a excepciones.

Para esto no tenemos muchas más respuestas que buscar en los efectos de la posmodernidad, la urgencia de respuestas simples y fáciles de comprender. Si decimos, “dios es un canuto”, es mucho más accesible que ponerse a leer a Nietzsche, pero como el Loco de Turín no nos dejó un protocolo para comprender qué es lo que quiso decir cuando escribió tan poéticamente, las conclusiones divergen y se requiere de un gran esfuerzo hermenéutico para acceder a las ideas nucleares de sus escritos, que son muchas y salteadas.

Entonces, qué nos da la autoayuda. En realidad, no da nada, propone una suerte de receta exprés que podemos centrar en un “giro al interior”, también podemos llamarlo giro egoísta. “Viva mejor mirándose el ombligo y dígale NO al ego”, como una aspiración a lo trascendente a partir de lo uno en sí mismo. El problema es que nadie es trascendente por lo que es sino por los productos de su ser. El giro al interior es un anatema absurdo si se tiene en cuenta la sociabilidad necesaria como competencia para poder vivir en comunidad, salvo, claro, que estemos hablando de un anacoreta ascético que vive en la cima de una montaña. Y aquí apelamos a nuestro enano epistemólogo… o sea a Mario Bunge, que en su libro de ensayos “100 ideas” dice que según la psicología cognitiva (la única que aceptan los epistemólogos como válida), el ayudar a los demás provoca la sensación de bienestar. O sea, colaborar parece que está piola… más que mirarse a uno mismo…

En esta última oración nos surge la idea que ya sugerimos antes como relación dialéctica. Ayudar significa confrontar, comprender y superar incorporando, sólo que en este caso la relación es dialógica, casi constructivista: llegamos a un acuerdo en base a la colaboración, establecemos regímenes de concordancia con el otro como base de un aprendizaje social… cosa que suena parecido a autosuperación y, quizás, lo sea, pero lo que es seguro es que se encuentra en las antípodas del concepto de la autoayuda y de toda esa clase de literatura.

Filosofar es difícil, leer filosofía es todavía más difícil, aprehender la historia de la filosofía es una empresa inabarcable, pero si queremos nuevas preguntas y respuestas que nos lleven a nuevas situaciones intelectuales de comprensión de la realidad y establecer ese ciclo del que ya hablamos en otro texto, debemos abandonar el facilismo de la bibliografía chota del bestseller non fiction espiritualista para emprender una tarea compleja que lo único que necesita es tiempo.

Como decía el Indio Solari, “vivir solo cuesta vida”, y donde nos quieren dar recetas absurdas y superficiales deberíamos responder con la indignación propia de quien descubre una estafa, con la reivindicación del otro y sobre todo, con la comprensión profunda de uno a través del todo, un todo parcial e imperfecto pero nuestro, tan nuestro como nosotros mismos.

Vivir es aprender, cosa que se aprende viviendo.

(Está sin corregir, lola).

Twitter: @cristianmaier

No hay comentarios. :

Publicar un comentario