Popper, Birra y Faso

Cuando conjugamos Falsacionismo y Popper, nos da falsacionismo popperiano y con eso que suena complejo y sofisticado, ya alcanzaría para sentirnos epistemólogos si la epistemología asemejara su rigurosidad a la de los libros de autoayuda. Sin embargo, la cosa es un poco más complicada aunque acá vamos a explicarla con “peras y manzanas”.
Entonces ¿qué es el falsacionismo? En realidad es algo bastante boludo de explicar. Es agarrar una hipótesis y darle de a garrotazos con la realidad para tratar de falsearla. Si se falsea, la teoría ha sido refutada y a otra cosa. Si no se falsea, la teoría se corrobora… provisionalmente. Como los datos de la experiencia son limitados, vamos intentando falsear la proposición de manera constante, hasta que nos aburrimos, nos morimos o nos olvidamos y la refutabilidad pasa a mejor vida. Entonces podemos especular que la premisa se transforma en verdad y para siempre, salgo que ocurra una catástrofe y nos demos cuenta de que metimos la pata.
El falsacionismo en primera instancia está bueno, termina con la falacia de autoridad y con los argumentos a priori. O lo que es lo mismo, el “lo dice tal” o “es así” carecen de valor y entonces su carga semántica se aproxima a cero.
Pero el problema está en que el falsacionismo se transforma en un apriorismo. Si tomamos literalmente esta metodología vemos que se nos presenta como algo surgido de manera natural, por obvio, por cursi o por estúpido y que el conocimiento científico es el resultado de esta carga a priori.
Entonces la pregunta que surge es si puede falsearse el falsacionismo. Esta pregunta se la hicieron Feyerabend y Lakatos con una mirada retrospectiva hacia la historia de la ciencia. Los pormenores de la investigación y “la mar en coche” no son relevantes. Lo importante fue el resultado: falsearon la metodología y ahí, como todos pueden imaginar, se armó el gran quilombo. Feyerabend fue para siempre el “enemigo de la ciencia”. Lakatos fue un poco más prudente y zafó.
Ahora vayamos un poco más adentro. Desde que Einstein estampó la Teoría de la Relatividad Especial, el edificio bello y estable de la física de Newton se vino abajo. O sea, le aplicamos el falsacionismo y las leyes de Newton se rompieron. Nos encontramos con una paradoja. Cimentamos nuestra física en un conjunto que se ha demostrado refutado. Lo que no es más que un problema de la lógica porque el mundo, que no se dio por enterado, sigue funcionando lo mismo.
Por lo tanto decimos, para salvarnos del apuro, que si bien Newton nos mintió, lo hizo tan bien que es la mejor aproximación que tenemos a la explicación física del mundo a velocidades bajas.
Aunque podríamos preguntarle a los epistemólogos de verdad acerca de la prognosis en el debate entre Newton y Popper, entre una teoría que explica cómo funciona el mundo y una teoría que explica cómo se construye el conocimiento científico. En otras palabras, entre uno que dice por qué el mundo anda y otro que dice por qué ese por qué no sirve para nada.
Y esto a la gente de a pie ¿para qué nos sirve? Bueno, nos sirve para algo muy importante que es pensar acerca de la naturaleza de la verdad. Popper no nos demuestra la verdad de una proposición, nos dice tan solo que en determinadas condiciones esa proposición es válida, así se rompe con la idea de absoluto de la verdad, lo que en términos lógicos es un “Golazo”, pero que en la vida real, es un poco deprimente salvo que uno sea escéptico, paranoico o ambas cosas.
Las personas, usted, yo, mi señora, mi hijo… todos, tenemos a veces una extraordinaria necesidad de un absoluto, cualquiera este sea. Algunos le dicen Verdad (con mayúsculas), otros le dicen Dios, otros se rien de los dos primeros y a otros realmente no les interesa. Esto no quita que Nietzsche lo haya definido extraordinariamente cuando decía que el hombre prefiere creer en nada a no creer. Porque la verdad como absoluto concluye en eso, en la creencia, en la tradición o en el salto de fe, dada la improbabilidad de la comprobación lógica. Es lo primero o el trilema de Munchhausen que es un recurso válido para cualquier confrontación retórica y que demuestra lo arbitrario de cualquier recorte del “sentido común” o de lo que nos pueda parecer “razonable”.
Así las cosas, dejo la pregunta abierta, ¿cómo podemos definir verdad y de qué manera? Pregunta filosófica si las hay, a la cual, por supuesto, le voy a sumar mi óptica que también puede ser la más errada: Verdad es al cabo un ejercicio de toma de postura, un acto de condicionamiento y de significación sobre el mundo concreto, estableciéndose así, dos categorías de verdad... hablando de paradojas.

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