La tragedia de Once, lo insignificante y la retórica de Schiavi

Para Roland Barthes, una imagen insignificante es aquella que por su misma brutalidad bloquea el lenguaje y la significación. Lo que en definitiva –agregamos-, bloquea la racionalidad por medio del espanto. Esto es una idealización, nadie se para a pensar que en un momento determinado no está pensando. Cuando mucho, esa “conciencia” viene en retrospectiva, con todas las deformaciones que provienen del analizarse uno a uno mismo en el pasado.

Las tragedias suelen imaginarse como algo lejano, y entre más lejano, más razonable. Entonces, el choque de dos trenes en el África meridional se presenta como algo “natural”, ya que cómo no va a ser de ese modo en algún país perdido en el mapa, donde la gente viaja montada en el techo o colgada de cada saliente de la maquinaria que permita el agarre (aunque en Buenos Aires también se viaje así). De ese modo, la tragedia se presenta como algo inminente y que, por lo tanto, deja de ser trágico, ya que la normalización de lo trágico lo convierte en convencional, normal o lógicamente dable. Imaginarlo en el África es sencillo, ¿pero qué tanto es imaginarlo a 20 kilómetros o ya dentro de la Ciudad de Buenos Aires?


Que el hecho se presente como insignificante no quiere decir que el análisis de sus antecedentes lo sean. Maquinas de más de 50 años de antigüedad, falta de inversión y de control, funcionarios corruptos como el exsecretario de Transporte Ricardo Jaime o meramente inconsistentes y desinteresados como Juan Pablo Schiavi, quien con una frialdad enorme minimizó lo que se nos presenta aun como indefinible, aunque luego en conferencia de prensa haya dicho que no era su intención. Pero cuando se declara que "había muchas personas en los primeros vagones, lo que ayudó a que el accidente tomara ribetes de tragedia horrible", las otras palabras huelgan.

La intención de un funcionario ante una crisis de esta magnitud, es irrelevante. Ante la crisis se esperan acciones y no recursos retóricos para evadir responsabilidades. Así como todavía decimos y con justeza que aquel titular de Clarín de “La crisis causó dos nuevas muertes” fue oprobioso e interesado, producto de un arreglo entre cúpulas, también decimos que un artilugio que puede titularse como “la crisis (del transporte) causó 50 nuevas muertes”, es igual de repugnante.


En vano se esperó la palabra presidencial sobre la tragedia. Entre tanto uso de la cadena nacional para menesteres menos relevantes, esta vez quedó en silencio. Y el silencio al contrario de la imagen descrita por Barthes, sí es significante.

Hace unos años el Washington Post hizo un experimento. Joshua Bell, un destacado violinista que días antes había llenado el teatro de Boston, fue a tocar al subterráneo de la ciudad homónima, nadie o casi nadie le prestó atención, sólo una mujer y un niño de tres años.


La conclusión preliminar es que la belleza y su percepción dependen en gran parte del contexto. Nosotros agregaríamos al contexto la repetición. Lo insignificante de un hecho impactante, va tomando significado y perdiendo relevancia a medida que se repite, como sucede con los medios que, al repetir una y otra vez cierta imagen o noticia logran que, por último, pierda valor y que, después, todo se presente como una cosa más de lo mismo a lo que se atiende como una nueva apostilla, como las repeticiones de los “simuladores” o los argumentos de las novelas de la tarde.

No olvidar, no naturalizar, no consentir. Esas deberían ser nuestras máximas un día como hoy.