Algunas reflexiones sobre la libertad de prensa


Una vez que el día de la Libertad de Prensa pasó, nos preguntamos sobre el estado de situación en la Argentina ya que durante estos años vimos a varios periodistas golpearse el pecho para reclamar por la ausencia de tal derecho. Este texto no pretende agotar el debate sino iniciarlo por fuera de cualquier ámbito académico.

Es cierto que en nuestro país, como en muchos otros, se viven tiempos interesantes en el sentido de la reformulación de las comunicaciones audiovisuales y, en compatibilidad con estas variaciones de formato, ocurre lo mismo en términos de los contenidos. Pero estas adaptaciones, acordes con las innovaciones en el sector, no significan necesariamente una mordaza a la prensa o a la expresión. El problema surge cuando se mezclan estos dos factores que de hecho están coaligados estrechamente, pero que conforman dos categorías distintas en planos diferentes de dependencia. Confundir una cosa con la otra sólo nos puede llevar al error por medio de la ignorancia para decir, por ejemplo, que la libertad de Prensa no existe hoy en la Argentina.

Mucho escuchamos decir sobre aquella libertad pero pocos nos explican qué es lo que realmente significa. Las predisposiciones para el silencio pueden ser varias: ignorancia, mala intención, interés en que la cuestión siga en penumbras. Es decir, de forma paradójica, con la libertad de prensa la información es escaza. Y si la información es insuficiente o interesada, ¿existe la posibilidad de expresarse libremente? Si bien la libertad de expresión implica otras cuestiones como la de poder decir lo que se quiera en tanto no contravenga las leyes, engloba también a nuestra pregunta en el aspecto que demuestra que el modelo de Shannon 1 continúa siendo válido: a mayor información hay menor incertidumbre, lo que redunda en el resultado de la elección.

En tanto una, dos o más personas puedan organizarse formar un nuevo medio sin censura previa ni regulación de los contenidos por parte del Estado –decimos Estado y no gobierno porque concluimos que la reducción es inválida2-, la libertad de prensa está garantizada al menos en lo que a libertad de asociación y de contenidos se refiere por parte del Estado.

Por tanto, los mentados “ataques contra la libertad de prensa” no son tales en tanto los términos anteriores se cumplan, esto abarca desde un diario en papel, un portal web o un canal de televisión. Por esto, la reiteración del título “nuevo ataque contra la libertad de prensa” responde a un ímpetu comercial, específicamente del márketing y también a la propensión de la prensa a ubicarse en el lugar de víctima en torno a los focos de poder que no conforman su poder.  Porque hay que tener en cuenta que la prensa en tanto empresas periodísticas y tanto más si configuran grupos multimediáticos, son un foco de ejercicio del poder, lo que no es necesariamente bueno ni malo, lo nocivo es desconocerlo.

La libertad de prensa descansa en la libertad de expresión. La primera no existe sin la segunda pero esto no significa que sean una y la misma cosa. La libertad de expresión excede a la de prensa en que debe asegurarse en todos los ámbitos de la comunidad. Así, la reducción de la expresión a la prensa es ante todo una falacia.

La prensa se ubica en un determinado ámbito de ejercicio y no en una totalización, como sí lo hace la expresión. De esta manera, lo que la libertad de prensa estima no es que el periodista que piensa distinto a la línea editorial del medio en el que ejerce, pueda expresarlo allí, sino que dada esta alternativa puede alejarse del medio y pasar a otro o conformar uno propio.


Aun así, en el análisis de la libertad de prensa nos encontramos con la ineficacia de la definición sobre el contenido que enmarca el continente “periodismo”, en otras palabras, qué es periodismo, qué no lo es, en qué lugar se encuentra la frontera entre una cosa y la otra, cuál es la línea divisoria entre la buena y mala praxis. La falta de demarcación nos lleva a nuestra pregunta sobre qué tan libre es la expresión si la información es insuficiente.

En un momento donde las enunciaciones sobre los ataques a la libertad de expresión y libertad de prensa son reiterativas vemos al menos una gran contradicción: allí donde se enuncia, sobre todo en los medios periodísticos autodenominados “críticos” demuestran mediante la enunciación que tal ataque es inexistente en tanto no hay una regulación de los contenidos pasibles de emitirse o censura.

Si bien la siguiente premisa requiere una investigación más profunda y sistemática para poder establecer su validez, pareciera ser que nos encontramos en el mapa de medios periodísticos de la Argentina con una clara división en torno a las políticas de gobierno. Aquellos que se encuentran abiertamente a favor y aquellos que se encuentran abiertamente en contra, estos no agotan las posibilidades ya que también hay otros que se encuentran veladamente a favor o en contra del gobierno (en sentido general). Con esto volvemos al párrafo anterior para establecer la doble negación del enunciado sobre el ataque a la libertad de prensa y a la libertad de expresión.

Como dijimos, dentro de los medios favorables al gobierno, la gran mayoría lo son abiertamente. Por poner un ejemplo, “Tiempo Argentino” es oficialista no hay una intencionalidad de engañar respecto a la razón de su contenido. Esto nos posibilita analizarlo dentro de la mirada oficialista sobre los acontecimientos. Así, se remite a la sinceridad desde el punto de vista de observación, este punto de vista es claramente ideológico. Lo anterior también ocurre, en el extremo contrario del ejemplo anterior en el diario “La Nación”. Los medios aideológicos no existen, lo que hay es una omisión en la explicitación de la postura.

Cuando un medio se llama a si mismo “crítico” hay varias preguntas que deben formularse para poder entender sobre la base de qué entiende los supuestos atropellos contra la libertad de prensa. Algunas son las que siguen, ¿cuál es la definición de crítica que el medio refiere? ¿Sobre la base de qué? ¿En relación a qué? ¿Sólo en función al gobierno o al estado en general? ¿Es la “crítica” también en relación al funcionamiento de las empresas periodísticas y al ejercicio del periodismo? ¿En qué ejercicio periodístico basa la “crítica”? ¿Cuáles son los criterios de establecimiento de agenda? ¿Es la función “crítica” la adopción de un rol opositor a las políticas de estado?

Que un medio o un grupo multimediático se asuma como “crítico” se enmarca en la libertad de disponer de sus contenidos como mejor le parezca, lo que se constituye en una demostración fáctica de la libertad de prensa. Sin embargo, configura un atropello a la integridad del lector/público el hecho de que no sea evidente la posición desde la que esa crítica se ejerce. Sin esta información, el tercero no tiene la posibilidad de evaluar el discurso en su total amplitud recordemos que una información ineficiente altera el marco de las decisiones.

Todo lo anterior no es privativo de las grandes cuestiones que se encuentran hoy en la Argentina: el tratamiento de algunas informaciones públicas como secretos de Estado, la falta de interrelación entre los gobernantes y la prensa, ciertas presiones a través de la pauta publicitaria oficial, tanto de la nacional como la de las provinciales; por nombrar tres ejemplos. Aun así, estos no son ataques a las libertades sino que requieren de algo que en cierta medida parece olvidado por la indeterminación de las fronteras: el hacer periodismo.

Cuando se encuentra una nota completa sin fuentes, allí no sólo hay una mala praxis sino que también se hace evidente la ausencia de periodismo y la transformación mediante lo reiterativo de la información no atribuida, en un concurso de rumores o chimentos, con mucho de fuego de artificios pero sin ninguna seriedad.

Lo que logran las diatribas argumentativas de los grandes medios en relación a los “avances contra la libertad de prensa” es vaciar de sentido las palabras, de manera que cuando el atropello ocurre, se da en un marco de indiferenciación de todo aquello que no lo es. Hay atropellos contra la libertad de expresión, primero y, luego, contra la libertad de prensa, cuando un periodista es asesinado o cuando un programa periodístico es levantado del aire por cuestiones de contenido. Estos, salvo el caso medianamente resonante de Longobardi en C5N, tienen en los grandes medios, escasa publicidad.

FOPEA elaboró un informe sobre la libertad de expresión en Argentina durante el 2011: http://informe2011.fopea.org/analysis.html y si bien compartimos pocas cosas con la entidad –en este particular, con las conclusiones-, los casos deben ser tenidos en cuenta y analizados para comprender que aquello que decimos sobre el vaciamiento de sentido de la premisa.


La libertad de prensa es una de las más bellas banderas que nos ha regalado la modernidad, pero de tanto usarla en cualquier lado lo que se ve en riesgo no es tanto la prensa como su significado.


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1. http://www.essrl.wustl.edu/~jao/itrg/shannon.pdf
2.http://www.oscaroszlak.org.ar/images/articulos-espanol/Oszlak%20y%20O%20Donnell%20%20Estado%20y%20Politicas%20Estatales.pdf