Rubén Darío te vende la pickup americana







Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza. Eres un profesor de energía, como dicen los locos de hoy. Si aclamáis, se oye como el rugir del león. y domando caballos o asesinando tigres. Eres un Alejandro-Nabucodonosor, las estrellas son vuestras. Apenas brilla alzándose el argentino sol, que desde los remotos momentos de su vida, vive de luz, de fuego, de perfume, de amor. Esa América nuestra que tiembla de huracanes, que vive de amor. Vive, y sueña, y ama, y vibra... Y es la hija del sol.” (Publicidad de Chevrolet S10)



 




 “A Roosevelt” fue quizás la proclama más violenta de Rubén Darío en contra de los Estados Unidos (que ponemos al final en su versión completa). Su riqueza conceptual y la variedad de sus imágenes hacen que sea un poema bello, modernista y complejo. Lo que jamás hubiese imaginado Rubén Darío es que la complejidad de su poema, que suma y enrostra todo lo negativo (para él) de la América del norte en la figura de Roosevelt, terminara convertida en la base de locución para vender camionetas de una marca norteamericana.

“Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo, | el Riflero terrible y el fuerte Cazador, | para poder tenernos en vuestras férreas garras”, escribía el poeta nicaragüense sin saber cuán equivocado estaba. Sólo necesitaron el merchandising, algunas nuevas marcas y la exportación del sueño blanco del “american way of life” donde, claro, no aparece el Bronx. O, en este caso, un slogan que se lee en lo profundo como “Chevrolet S10, el sueño americano de las pampas”, pero que en realidad no es más que el deseo del sueño o el deseo por desear el sueño. Un casting de sueños en imágenes inconexas sobre los despojos mutilados de los versos.

La humillante resignificación del poema de Darío, la mezcolanza horrible en la que lo transformaron nos demuestra, no lo que son capaces de hacer los publicistas, sino lo embrutecidos que estamos.

La historia de las palabras, dice Nietzsche, es la historia de las relaciones de poder que se expresa en las palabras.

El marteking ha triunfado.