“El escritor maldito. Raúl Barón Biza”



Escribir sobre hechos reales tiene dos riesgos. El primero es que el dato se coma a la narración y que todo se reduzca a una suerte de monografía ilustrada y aburridísima sobre determinada cosa. El segundo, que la escritura desplace a los hechos y el escrito se transforme, con suerte, en una especie de bodoque rififí que no conduce a ningún lado.


Raúl Barón Biza es un personaje irresistible. Fue revolucionario, pornógrafo, playboy, multimillonario, duelista, político, casi homicida, escritor y, entre tantísimas otras cosas, también suicida. Pasar y ver un libro que lleva de título “El escritor maldito.Raúl Barón Biza”, es más que una tentación, es un acicate para ablandar la billetera, tanto más cuando se sabe que sus obras nunca fueron reeditadas –y quizás nunca lo sean–. 

El libro en cuestión es de la periodista Candelaria de la Sota. Y nuestra desilusión es indescriptible. 200 páginas, un libro corto. Corto y largo. Un ladrillo. ¿Cómo es posible que ante un tipo de la intensidad de Barón Biza pueda escribirse un libro aburrido? No es un misterio porque se reduce a uno de los dos riesgos que señalamos al principio.

Ante un protagonista que permite la explosión de toda la narrativa y el intercalado de las frases corrosivas de este autor del inframundo que dice cosas como, por ejemplo, “yo nací para ser revolucionario así como otros nacen para ser cornudos”; reducirse a señalar datos y fechas salpicadas por dos o tres imágenes descoloridas, es casi un pecado. O más: es un injusto homenaje que se pierde en la tesina erudita y que al final no dice nada. Un texto que pudo haber sido salvaje y genial, se quedó en un “pif”, en una monografía insulsa que desperdicia toda la pirotecnia de un hombre que fue la bestia negra de su tiempo. 

De la Sota escribe sobre Barón Biza como si escribiese un artículo de economía. Mucho dato, mucha cosa rimbombante y al final no resuelve la pregunta de: ¿y Barón, qué onda? ¿Y la familia? ¿Y los suicidados de la familia? Bien, gracias. 

A Candelaria –a quien no conozco–, pareciera faltarle un poco de talento narrativo (eso del equilibrio) o de desparpajo. La investigación le quedó diez puntos, pero el libro no dice nada. Y si el libro no dice nada, la investigación queda trunca por falta de interés o de sangre. Una gran investigación que no tuvo quien la escriba.

Cicco escribió para Gatopardo “Raúl Barón Biza: El Exterminador”, un perfil que deja a cualquiera con la boca abierta, porque en cuatro o cinco páginas lo dice todo con una velocidad frenética, y deja flotando en el aire la rabia gutural de un Barón desencantado, que en los últimos minutos de su vida se acicala, viste su mejor bata de seda y se vuela la cabeza de un tiro, no sin antes haberle destrozado la cara a su esposa con ácido. Cicco, el salvaje de las letras, redime en poco espacio las 200 páginas de un libro que, en comparación, aparece como una notita intrascendente, destinada a perderse en las librerías de saldo hasta que la humedad se lo coma, acompañada por una fiesta de ácaros.