Priebke (Por Daniel Salzano)



Publican en la página de política exterior la foto carné de Erich Priebke (84) y lo primero que pensás es que debe tratarse de un error, que ese viejo de músculos chupados y esqueleto ladeado, no tiene mucho que ver con el oficial alemán que, dando gritos de arriero desatado, participó activamente en la masacre de 335 personas durante la Segunda Guerra Mundial. La masacre de las Fosas Ardeatinas fue el acto de venganza premeditada con el que los nazis castigaron un atentado previo llevado a cabo por la resistencia italiana, y Erich Priebke fue su numen inspirador.

Te cuesta asociar a este anciano de rostro tenso y predecible Mercedes Benz en el garaje con el oficial de la Gestapo que, hace 53 años, asesinó a tres centenares de italianos mediante el expeditivo trámite de arrodillarlos ante una cruz gamada y alojarles un balazo en la cabeza. Aunque, pensándolo bien, acaso sea tu ignorancia (¿este tipo es Priebke?) lo más sugestivo del proceso. No reconocer a Priebke es como no reconocer a Hitler. Mejor dicho: se empieza desconociendo a Priebke y después ya no se puede reconocer a Hitler.

Hitler estuvo trabajando en Bosnia hasta el año pasado, sólo que en lugar de matar judío mataba musulmanes.  Cada Hitler depende de su ocasión: hay tanto ritmo hitleriano en el bangbang de los tambores de la ETA como en la espectacular voladura de la Amia. Los tiempos cambian y Hitler también. Estira sus dedos cortos, los chasquea y ahí lo tenemos convertido en un abuelito clasicón o en un coronelazo de las guerras africanas. Anoche lo pudiste ver por la tele disfrazado de vecino. Decía que los males de Córdoba comenzarían a decaer reponiendo el servicio de trenes hacia el norte. Eso sí, en lugar de mercadería, debían salir con los vagones repletos de inmigrantes bolivianos.

Daniel Salzano y el mundo, ediciones Recovecos. Pags 19-20. (Digamos que esta crónica tiene algo así como 14 años, pero sigue siendo actual, tan actual que da miedo).