Algunos apuntes sobre el Cebolla



Cierta vez, el Cebolla juntó los dedos haciendo montoncito y con un movimiento pendular claramente estudiado, les retrucó a unos pibes que rumbeaban vestidos de “paisa” a “La peña del colorado”: “Eh, manga de giles, si todavía se piensan que la chacarera es folclore, háganse coger a máquina”. 

Después, todo fue piñas y desconcierto porque, sin pensárselo dos veces, la barra le siempre le aguantaba los trapos. Al menos hasta que empezó a comérselo la falopa y el escabio. Más que nada la falopa, el escabio lubricó el piso donde pegó el resbalón.

El resto de esa noche en la comisaría tercera la recordamos como si fuera hoy, el Cebolla riéndose con la nariz partida mientras repetía el nombre de Argos, como una invocación o como un mal presagio.

En la declaración, el Cebolla alcanzó a decir que todo el folclore es cumbia y que la policía era una bolsa de gusanos, que la pregunta sobre la existencia de dios era “al pedo” porque la existencia de la milicada y la de dios eran una incongruencia. Después dijo que Argos algo, pero nadie entendió. Ahí se le cortaron los piolines y cayó con peso muerto sobre el escritorio del secretario/comisario/agente. La policía se asustó y nos dieron el raje. Al Cebolla lo montaron en un  taxi y lo tiraron en la puerta de un hospital. 

Tres días y tres noches después se despertó en la sala de internación del Pirovano, ¿por qué en el Pirovano? Nadie supo explicarlo, así como nadie supo decir con exactitud qué le había pasado.

Pero el Cebolla era así, hablaba con los fantasmas, recitaba libros enteros de memoria y contaba otros libros enteros pero inventados. Decía que si dios existía era un boludo, pero no dejaba de llevarle la botella de agua a la difunta Correa ni la cinta roja al gaucho Gil y si le preguntabas, te decía, “es claro, papá, todo es cumbia y a nadie le importa”. 

Después se ponía a silbar un tango de Homero Manzi y miraba a través tuyo, como si estuvieses y, al mismo tiempo, no estuvieses. “Sabes lo qué pasa, es que a veces voy y vengo de dimensión y allá no estás vos, está el oreja que es medio jodido o está tu hermana que, allá, coje que da calambre”. Era difícil en esos momentos no fajarlo al Cebolla.

Todavía guardamos una foto donde sonríe de frente y con todos los dientes puestos, ignorante del futuro de muerte y hierro que le esperaba escondido detrás de una maceta o, quizás, conciente, pero restándole importancia, al cabo, poder ver el futuro le quita emoción a todo, incluso a la muerte.

Todos nos preguntan quién es Argos, nosotros lo sabemos pero nos da miedo contarlo. Su venganza es silenciosa pero terrible e inminente. "Abracemos el viento y soñemos que somos libres, porque no lo somos", la última gran frase del Cebolla. Después de eso se borraron todos los comandos.