Nuestra señora de la Corriente | Lêdo Ivo



Sólo Dios y los murciélagos habitan

la iglesia de Nuestra Señora de la Corriente.

El espíritu invisible queda entre los altares

carcomidos y el viento de Penedo

ciega con lentitud los ojos de los santos

que turistas y anticuarios no han conseguido robar.

Dios es barroco. Dios se parece a los murciélagos:

volando por la noche en los espacios estrellados

él trata de chupar la sangre de los hombres

que ennegrecen el día con sus muchos pecados.


En la bóveda de la iglesia que a veces el río inunda

los murciélagos tapan ese cielo alegórico

eternamente oculto a los que pecan.

¡Oh cielo negro de los hombres! Bajo la ruina del entarimado

Los ratones adoran la Presencia eucarística.

Y Nuestra señora de la Corriente, patrona de ratones y

            murciélagos,

entre flores de papel y malolientes velas

participa de la divina soledad.

oh, Madre de los hombres, que sonríe radiante en su

abandono

como mi propia madre, ¡rogad por mí!


(La moneda perdida. Traducción de Amador Palacios. Zaragoza: Olifante, 1989)


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Só Deus e os morcegos habitam

a Igreja de Nossa Senhora da Corrente.

O espírito invisível paira entre os altares

roídos e o vento de Penedo

cega lentamente os olhos dos santos

que os turistas e antiquários não conseguiram roubar.

Deus é barroco. Deus é como os morcegos:

voando à noite entre os espaços estrelados

procura chupar o sangre dos homens

que enegrecem o dia com os seus pecados.


Na obóbada da igreja que o rio às vezes invade

os morcegos escondem o céu alegórico

eternamente sonegado aos pecadores.

Ó céu negro dos homens! Sob o soalho avariado

os ratos se inclinam à Presença eucarística.

E Nossa Senhora da Corrente, padroeira dos ratos e morcegos,

entre flores de papel e velas fedorentas

compartilha da solidão divina.

Ó Mãe dos homens, que sorri radiosa em seu abandono

como a minha própria mãe, roga por mim!