El Aleph desolado




Borges escribió quizás el mejor cuento de la historia argentina. El Aleph.

Medio siglo después –digo al tuntún–, Pablo Katchadjian le aplicó al cuento unos conceptos que eran de avanzada en la época de Borges: el autor, el plagio, la obra, la interpretación y la intertextualidad son términos resbaladizos. Sin reparar en el absurdo de la categoría podría decirse que Katchadjian reborgeanizó a un Borges que se oxidaba más mencionado que leído, en el bronce. 

Así nació “El aleph engordado”, que de no ser por los milagros del PDF hubiera quedado reducido a un círculo de 200 copias para amigos y literatos exigentes. Festejamos la hipótesis de que con la exposición que tiene el libro gracias al paso de comedia dramática (detestable) de los abogados, ahora se leerá mucho más.

María Kodama sufre de una paradoja terrible. Es dueña de una herencia que no comprende. Para los que tienen vedado el entendimiento, al menos tienen los libros de Sarlo, gran crítica de Borges (más allá de sus opiniones políticas), ¿pero Kodama leerá a Sarlo? Pobres niños borgeanos, ya no tendrán más padre que un recuerdo momificado y un guardián terrible que observa los estragos del tiempo. 

Apoyamos a Katchadjian porque apoyamos desde la cuna los experimentos de Borges, y porque odiamos a los abogados que no entienden de literatura.