Dos poemas | Juan Antonio Masoliver Ródenas



Olvidemos ahora el alma
por lo que tiene de inaferrable.
También el corazón
por si no existe.
Déjame recoger en una canasta
tus pechos ligeramente caídos
como frutos. Y los pocitos de miel
que oigo gemir.
Y la lengua que en mi lengua
borra las palabras de amor
que me pedías
a la entrada del huerto.
Desnuda veo sólo
lo que eres. Estatua
en el centro
del día, empapada
de luz. Como un árbol
de diamantes.

***

Suave, suave la enramada.
Suave y luego se embadurnan
todas las caras mojadas.
Las fotos que no se hicieron
y que guardo en la memoria.
Con sus faldas levantadas,
¡cómo pudimos ver tanto!
Botoncitos que ahora hieden
y que no pude tocar.
Llueve barro y se embadurnan
todas las caras ajadas.
Con sus nalguitas de barro
nos querían embaucar.
Llueve y llueve en la memoria.
En el cofre de sus nalgas
han quedado para siempre
mis más íntimos secretos.
Con sus manos de niña destrozaban
las flores de la suave enredadera.



Fuente: http://www.letraslibres.com/revista/poemas/dos-poemas-3

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