Jiñocuajo | Esthela Calderón




Me he pasado, cargando cicatrices porque sí.
Ellas son los besos cortantes
que buscan la carne suave de mi espalda,
roja carne,
verde carne,
carne, lechosa carne,
sangre granulada,
viva sangre, caudal contento en lo calado,
herida de machete en la herida,
vida purificada desde toda entraña.

Por los siglos de los siglos,
indio-esclavo moribundo,
renaciendo entre las púas.

Agradezco la tortura.
Nací sumiso, plantado en el camino.

Desde aquí, bendigo cada golpe.
Soy humo vital que regresa por su historia
en el chorrear amargo de mis felices lágrimas
para glorificar los cantos y oraciones
en el altar de los templos
donde una Dolorosa junta sus manos 
y Dios hecho hombre
redentoramente expira.


(Soplo de corriente vital. 2008)

1 comentario :

  1. Siempre renaciendo de las púas, aceptando y bendiciendo cada golpe para seguir pisando fuerte y luchar por aires de libertad. Muy buen texto. Abrazo grande.

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