No tocar | Juan José Saer



Que no digan que el comentario
acicala, ni que la condecoración,
seguida de fajos, vuelve, después de lustros pálidos,
reales. La gracia estaba en cabalgar,
con voz luminosa, el instante encabritado,
por puro lujo o gusto claro, o por ver
si se podía, contra el desgaste, labrar
formas que recordasen, con su sabor,
la miel de las mañanas. Que no vengan
con su honor, a envenenarnos, ni, con sus
dardos de academia, a ponernos,
después de mirar el sol de frente,
llamándonos, arteramente, suyos,
del lado de lo oscuro.

(El arte de narrar - 1977)

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