Ritos de tránsito: I | Robert Duncan



Estos son
los tránsitos del pensamiento
de la levedad del aire
a la carne densa
hasta que las llamas prendan
en toda la materia
inerte y oscura;
en pie cuya razón
estriba en proporciones brillantes
que quisiera medir

se endurece y hiere
la tierra estremecida,
llegando en su desmesura
a ser casco que
pisotea
placer y dolor confundidos
en un brillo más intenso.

Sátiro oscuro,
tu sangre es como la
luz que se filtra
por la rama de un almendro, ahora
algo tiene
lugar en mí;
toda la naturaleza aguarda
tras el tapiz
tembloroso de hojas
y brotes, de
pájaros cultos, a punto
de despertar.

La hierba húmeda y sumisa
ya se despereza de su sueño,
y ya cada brizna verde se mantiene
alerta
escuchando.
¿Qué es esta primavera
que estalla por doquier sobre mi mundo
con un coro tal de voces nuevas
y trae a mis aletas dilatadas
olores rancios de las raíces de las cosas? Qué
sino esto: la expectación que comparto con el año.

Y medio siglo reverdecen mí.
El oído se aguza, tira la correa del danzar salvaje.
Como si obedeciesen a un deseo no expresado.
En la frente de un silencio tras mis palabras
surgen los cuernos pensativos de un anhelo nuevo.
La fuerza de una rima naciente se echa al mundo,
presagios en la frontera que somos en nosotros mismos,
la frontera ahora de cascos que se aproximan
y que casi oímos, el avance
pegando brincos de nuestros pies,

la frontera ahora de la estampida que saluda
tu llegada, adonde no estamos,
la frontera en mí de mi casa, de Pan.


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