Tres minificciones de Ana María Shua


Negocios con el destino


El año en que nos casamos fue pródigo en desgracias. Murió mi padre y el suyo. En el curso de los dos años siguientes enfermaron los testigos de nuestro enlace y murieron con pocos meses de diferencia. Nos preguntamos el porqué de semejante ensañamiento y, como sucede aun con las personas más racionales (nosotros lo somos), empezamos a apoyarnos en supersticiones, ofreciendo sacrificios al destino a cambio de que nos olvidara o perdonara.
Esa penosa negociación con el Hado parece haber dado resultado: hace años que no sufrimos desdichas evidentes. Pero como sabemos que la buena suerte tiene su precio, nos miramos el uno al otro desconfiados, con durísimas sospechas. ¿Qué es lo que cada uno de nosotros ha prometido (y quizás entregado) a cambio de esta seguridad siempre frágil, siempre dudosa?

***


Error irreparable


A pesar de que mi escasa consistencia material no impone respeto, el oficial principal se muestra inesperadamente amable. Usted, sin duda, no es culpable. Se cometen errores. Puede irse.
Pero en la puerta de la estación de policía, el agente de guardia me detiene. No puede dejar su cuerpo tirado aquí en el patio, esto no es una morgue, caballero.

***


Fuerza de voluntad


Yo tengo mucha fuerza de voluntad. La tengo aquí, en esta caja de madera con incrustaciones de nácar. La caja era de mi abuelo paterno y vino con él desde Beirut, pero estaba vacía. Ahora la uso para acumular los excedentes de energía vital que de otro modo, ciertas noches, me provocarían insomnio. Obligada a la oscuridad y la quietud, la energía vital se convierte en poco tiempo en fuerza de voluntad de excelente factura que podría ponerme ahora mismo si quisiera, si sólo tuviera ánimo para abrir la maldita caja.


(Botánica del caos. Editorial Sudamericana)


Más información de la autora en: http://www.anamariashua.com.ar/



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