Las playas de Chile | Raúl Zurita



LAS PLAYAS DE CHILE I

No eran esos los chilenos destinos que
lloraron alejándose toda la playa se
iba haciendo una pura llaga en sus ojos

No eran esas playas que encontraron sino más bien el clarear
del cielo frente a sus ojos albo como si no fuera de ellos
en todo Chile espejeando las abiertas llagas que lavaban

i. Empapado de lágrimas arrojó sus vestimentas al agua

ii. Desnudo lo hubieran visto acurrucarse hecho un ovillo
sobre sí tembloroso con las manos cubriéndose el
purular de sus heridas

iii. Como un espíritu lo hubieran ustedes visto cómo se
abrazó a sí mismo lívido gimiente mientras se le
iba esfumando el color del cielo en sus ojos

Porque no eran esas las playas que encontraron sino el volcarse
de todas las llagas sobre ellos blancas dolidas sobre sí
cayéndoles como una bendición que les fijara en sus pupilas

iv. Porque hasta lo que nunca fue renació alborando por
esas playas

v. Ese era el resplandor de sus propias llagas abiertas en
la costa

vi. Ese era el relumbrar de todas las playas que recién allí
le saludaron la lavada visión de sus ojos

Porque no eran esas las costas que encontraron sino sus propias
llagas extendiéndose hasta ser la playa donde todo Chile comenzó
a arrojar sus vestimentas al agua radiantes esplendorosos
lavando frente a otros los bastardos destinos que lloraron

***

LAS PLAYAS DE CHILE II

Miren las playas de Chile
Hasta el polvo se ilumina
en esos parajes de fiesta

i. Las playas de Chile son una fiesta en sus ojos

ii. Por eso hasta el polvo que los cubría se hacía luz
en sus miradas benditos lavándose las mortajas

iii. Por eso la patria resplandecía levantándose desde el
polvo como una irradiada en las playas de sus ojos
relucientes para que hasta los sepultos puedan ver
la costa en que se festejaron cantando esos dichosos

***

LAS PLAYAS DE CHILE III

Veánlas mecidas bajo el viento:
Chile entero resurgía como una
línea de pasto en el horizonte

i. Chile entero resurgía como una línea de pasto por
el horizonte

ii. Por eso las playas parecían mecerse como espigas
frente a ellos lejanas esparciéndose en el aire

iii. En que ni sus sueños supieron del resurgir de toda
la patria donde nosotros somos apenas una línea de
pasto meciéndose en el horizonte como espejismos
ante Usted por estos aires besando la costa que
Chile entero esparció iluminada bajo el viento

***

LAS PLAYAS DE CHILE IV

Celestes clavaron esos cielos:
Usted era apenas el horizonte
en las playas de este calvario

i. Las playas de Chile fueron horizontes y calvarios:
desnudo Usted mismo se iba haciendo un cielo sobre esas
costas de nadie

ii. Por eso las cruces también se llamaron playas de Chile:
remando esos botes se acercaron a ellas pero sin dejar
estelas en el agua sino sólo el cielo que soñaron
celeste constelándose sobre esas miserias

iii. Por eso ni los pensamientos sombrearon las cruces de este
calvario donde es Usted el cielo de Chile desplegándose
sobre esas miserias inmenso constelado en toda
la patria clavándoles un celeste de horizonte en los ojos

***

LAS PLAYAS DE CHILE V

Chile no encontró un solo justo en
sus playas apedreados nadie pudo
lavarse las manos de estas heridas

Porque apedreados nadie encontró un solo justo en esas playas
sino las heridas maculadas de la patria sombrías llagadas
como si ellas mismas les cerraran con sus sombras los ojos

i. Aferrado a las cuadernas se vio besándose a sí mismo

ii. Nunca nadie escuchó ruego más ardiente que el de sus
labios estrujándose contra sus brazos

iii. Nunca alguien vio abismos más profundos que las marcas
de sus propios dientes en los brazos convulso como
si quisiera devorarse a sí mismo en esa desesperada

Porque apedreado Chile no encontró un solo justo en sus playas
sino las sombras de ellos mismos flotantes sobre el aire de
muerte como si en este mundo no hubiera nadie que los pudiera
revivir ante sus ojos
iv. Pero sus heridas podrían ser el justo de las playas de
Chile

v. Nosotros seríamos entonces la playa que les alzó un justo
desde sus heridas

vi. Sólo allí todos los habitantes de Chile se habrían hecho
uno hasta ser ellos el justo que golpearon tumefactos
esperándose en la playa

Donde apedreado Chile se vio a sí mismo recibirse como un justo
en sus playas para que nosotros fuésemos allí las piedras que al aire
lanzamos ... enfermos... yacentes... limpiándonos las manos de las
heridas abiertas de mi patria



Yo lo vi soltando los remos


(Anteparaiso. Editores Asociados, 1982)

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