Numulites | Jorge Ortega





y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.
FEDERICO GARCÍA LORCA


Palpo una losa
y me ilumino por dentro.

Es el virus de lo que se preserva,
el incandescente
bacilo de las décadas caducas
que sube por la entraña mineral
a fecundar los clamores del pulso.

Emerge la resina
de edades sumergidas,
el jugo que atesoran
las planchas de granito
en una red de nervios insondables.

El pasado se infiltra en la humedad,
comienza a dispersarse
bajo la inmóvil cera de la piel
como el destacamento
de una tropa diezmada.

El cascabel de las viejas proezas
aumenta poco a poco de volumen
pero al cabo remata
con un fino zumbido
de espadas y estertores.

Un sobresalto que ni quién perciba
llena la copa del entendimiento
con una luz intensa.

Devoción por la piedra:
una vez más abdico
sin ofrecer resistencia
a la convocatoria de las ruinas.

(Voz otra, 2006)





No hay comentarios. :

Publicar un comentario