Dos poemas de Shoichiro Aizawa


YO ME ACUERDO

Yo me acuerdo
de donde estaba antes
el cielo azul del otro día
árboles mojados
telas de araña debajo del alero
olor a pan quemado
olor del agua al atardecer
lo abultado de la arena debajo de los pies
lo terso de la baldosa del baño
la piel erizada después de una lluvia torrencial
el aliento de la vegetación
el silbido del tren
Me acuerdo
de donde estás ahora
donde prendías fuego donde mamabas
jugabas pisando sombras comías queso frío de soja
cortabas cebollas y te salían lágrimas
donde volcaste una olla y diste gritos
¿Sigue sonando la campana en la colina?
¿Sigue fluyendo ese río en que flotaban como una tristeza las
costillas de un perro blanco?¿Este año también la higuera en
el jardín de atrás ha dado frutos?
¿No se ha secado todavía el pozo cuya polea está oxidada?

***

A RIMBAUD

Me despierto a medianoche y la pantalla del televisor está asaltada por una tormenta de arena –sin darme cuenta debí caerme en una brecha del tiempo-. Mis uñas están rascando el mundo y producen ruido. Rimbaud, tú desde el desierto –“el lugar más aburrido”- mandaste a tu familia un autorretrato vestido como si fuera un convicto, escribiendo “todo se la emblanquecido”.

En tu libro de poemas he encontrado un recibo de panadería —era del invierno a los 16 años— “¡La hemos vuelto a hallar! — ¿Qué? —La Eternidad” *. Esta parte está subrayada con un lápiz fuerte; son mis pasos. Ese día salí de la cama sin hacer ruido antes de que la luz solar empezara a colorear las cortinas; era un día enteramente nuevo, antes de que la tinta lo ensuciara.
     Sin sacar del buzón la edición matinal del periódico, salí con tu antología poética en la mano. El ambiente pálido y la frescura de la mañana se mezclaron con mi somnolencia y arrojaron nubes cada vez que yo suspiré. Derramando tus frases como miga, “Me iba, con los puños metidos en mis bolsillos rotos”... “ay ay ay”! **

A ratos me balanceé entre la calzada y la línea blanca al margen del pavimento un poco elevado, a ratos salté en un pie sobre el tablero de ajedrez formado en el pavimento, intentando no pisar las baldosas azules. La galería de tiendas estaba muda, con el postigo cerrado. ...Unos cuervos desgarraban bolsas plásticas y tiraban la basura a la calle. ...Rimbaud, ese día yo pasé por delante de una tienda de queso de soja, y atraído por el olor a pan entré en la luz del cristal.

Se apiñan frente al tragaluz rojo, / quietos, para recibir su soplo / cálido cual seno”. *** En aquel lugar iluminado y limpio a lo largo y a lo ancho había cruasanes, panecillos, panes de campaña con queso, panes con manzana, bísquets, barras, panettones, baguettes, panecillos ingleses… Secándose las manos el panadero se asomó del interior de la tienda, dejando atrás la masa de pan sobre la tela. Estaba sudado y cubierto de harina. El panadero, con las manos que amasaban, hacía el pan más delicioso que cualquier palabra hecha en el horno de la boca.

Saqué un bollo de la bolsa y lo comí en la calle. Al morderlo su aroma se extendió en toda la boca. ...Luego, girando muchas esquinas, no me acuerdo cómo y por dónde anduvieron mis “suelas del viento”. Rimbaud, ahora te escribo desde la cocina. Pronto llega la mañana y sobre esta mesa, un rato aromático.

Adiós.

(Poemas de Rimbaud citados: *“La eternidad”, **“Mi Bohemia” y *** “Los despavoridos”. En: Poesía completa, preparada por Javier del Prado. Cátedra, 1996).


Fuente: Poesía contemporánea del Japón, Antología. Universidad de Los Andes. Tetsuo Nakagami y Yutaka Hosono.

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