Tres poemas de Ruriko Mizuno



EL CABALLO DESBORDANTE

Es un terreno fangoso de primavera.
De la superficie nacen caballos,
con brío, como los melones que se maduran.
Cuando flamean sus crines,
se mueven como cachipollas...
Se meten en mi sueño,
y atraviesan todos los rincones,
dejando una sensación de fuelle vivo...
(Hay un caballo que, borrado en un recodo,
se convierte en una mata amarga de ortiga).
Yo siempre pensaba que
la primavera llegaba así de afanada.
(Al desplazarme en medio del sueño,
dándome vueltas, uno de mis ojos
reconoce una luz de la casa vacía que desconozco,
y el otro una vela encendida
que se consume al lado de la cama,
tambaleante).
De muchas partes,
se levanta el aroma vegetal hacia la ventana,
y ahí al lado, desamparado,
relincha un pequeño caballo.
(Acaso... ¿le di agua?),
me quedé con la duda.
La sensación de pelaje... parecida a la costra del árbol,
la llegada de los caballos... tan abrupta.
La tierra se crispa como pellejo...
En el sueño de primavera
se extienden pisadas dispersas de los caballos
que no volverán jamás.

(2007)

***

EL REPOLLO PRIMAVERAL

Aunque de parte en parte
se han dispersado en el aire,
al subir la escalera larga,
tejida con fi bras de yerbas,
se ve el interior del repollo
a través del resquicio del cielo.
Si es en primavera,
al fondo del establo verde,
los caballos
incuban como polillas.
Los cascos transparentes
rascan con insistencia
el interior de la cáscara del huevo,
y los tentáculos en forma de plumas
se estiran hacia el cielo.
(El día del repollo es interminable...)
Gira el sol trigueño.
Sobre el corazón grueso
se sienta un hombre pequeño.
Se ve algún objeto en sus manos cerradas con
distracción...
¿Será una trompeta?
¿O un látigo?
Mientras el hombre está de guardia por cien años,
el repollo aún se va madurando despacio.
Con el oído aguzado,
escuchas sin cesar el sonido con que las hojas se envuelven
en algún lugar de la bóveda celeste,
y el corazón del repollo
permanece en la oscuridad de la nebulosa

(1987)

***

EL UNIVERSO LECHUGA

En la penumbra del sueño
se vislumbra el cielo color yerba.
Los objetos interplanetarios con color verde claro
forman torbellinos vehementes,
y luego se inclinan como soñando
para coagularse en estrellas parpadeantes
que llenan el cielo.
Ese es el universo lechuga en estado primordial...
En esas estrellas
todavía no se han instalado las mesas de los humanos,
ni se han sembrado las semillas del apetito...
Las lechugas, que todavía no toman formas vegetales,
se arraigan con elementos químicos
en el terreno de las plantas oscuras
como permeándolas.
(Sin embargo, ya en ese instante,
revolotea una polilla en la bóveda celeste,
intentando poner nebulosas de huevos
sobre una hoja medio enrollada con ternura...)
¿Desde cuándo sería?
Una oruga azul
mastica con chasquidos rítmicos
el interior de la lechuga,
llenando el intestino verde claro
de la penumbra cósmica
sin cesar.

(1999)


Fuente: Poesía contemporánea del Japón, Antología. Universidad de Los Andes. Tetsuo Nakagami y Yutaka Hosono.

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