Cinco poemas de Joaquín Giannuzzi





VIOLIN OBLIGADO

En tu cerebro harapiento entró Mozart: 
una ética absoluta, fresco y antiguo.
Cuántas cosas desde el mundo lo ocupaban,
pesadas. Puertas, caminos, 
y montañas de polvo que reclamaban
un orden para un significado.
Pero el violín circuló
y todas las desesperaciones lo seguían
en círculos, como perros que no alcanzan
el tema central, la intensidad secreta,
el solo de Mozart en su cielo obligado. 

Violín Obligado.  Obligado - Mús. Un obligado de tenor, trompa, violín, clarinete, etc., se entiende un pasaje destinado expresamente a tal voz o a tales instrumentos y que ninguno otro dice (Eciclopedia Espasa. V. 39).

CUMPLEAÑOS

He cerrado la puerta de mi padre.
Finalmente lo supe, al amanecer
de este cumpleaños en que te sobrevivo.
Pero aún con la difícil respiración
al borde de la cama y sombrías
opciones por delante, puedo entender
que tú y todos los muertos han perdido
y que vivir es el único prestigio que cubre la tierra.
Entonces, todo lo que es está bien.
Por alguna razón me incorporo; jadeando, 
vacío tu rostro hacia la pesada oscuridad
y tengo tu misma manera de torcer la boca
al paso de la puntada por el pecho anginoso. 

HIPOTESIS SOBRE OBJETOS 

La materia es excesiva y comediante
a mi alrededor fatigado. Al caer la noche
suelta a sus hijos en la habitación: 
las cosas sometidas se dispersan, pierden relación
y entran en verdadera escena.
Mis manos planean, descienden a la oscuridad.
A partir de la mesa
cuadrada, cotidiana, espesa, los objetos ligados
a mi fracaso descubren su finitud
y tienden hacia una especie
de emocionada autonomía, libres
para la acción de un teatro cerrado.
Son las 10 de la noche. Pierden
sus pálidos dioses, entran
en la anarquía de un mito olvidado: 
ahora se disputan el campo de apariencia
y aumentan
la presión de la realidad sobre mi cabeza volcada. 

CREENCIAS DE JARDIN 

La última línea de sol
desciende de hoja en hoja. La luz desfallece
hacia el extremo de una escala tardía.
Ambos sufren en el jardín de la retórica
de ese drama mecánico. Ella dice: 
mira, eso es el tiempo encarnado
que alimenta su medida; él asiente, 
verifica con un anhelo estremecido
el naufragio del día y de los cuerpos.
Entonces callan bajo una especie de sacrificio.
Convierten esta hora delgada y ambigua
en la herida de una religión aterradora.
Y aunque el viento es suave y las flores repiten
un probable manifiesto de resurrección
ellos esperan la oscuridad nocturna para mentirse
sobre la mutación de las cosas y su sentido. 

LA CONDENA 

Una brusca negación de la oscuridad
en la habitación cerrada
sorprendió a los objetos en su tránsito de corrupción.
Cegada, indistinta,
la materia
crujió por sus tendones más débiles
y palpamos sustancias en lo negro
súbitamente heladas y endurecidas.
El conjunto se supo mortal
pero gimió pidiendo luz a lo desconocido.
Dislocado, nuestro lenguaje clamó
a una máquina descompuesta en el cielo.
Entonces ¿no estaremos a salvo
con gritos en la noche? ¿A qué poder fueron infieles
los días de la apariencia?
La gravedad
fue nuestro único destino. Con todo el peso
caímos dormimos, en un círculo reventado,
y eso fue lo mejor que pudo sucedernos.  

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