Dos poemas de John Keats (Bilingüe)







ESCRITO COMO REPULSA DE LAS SUPERSTICIONES VULGARES

Las campanas repican melancólicamente
convocando a los fieles a nuevas oraciones,
a nuevas lobregueces, a espantosas angustias,
a escuchar el horrible sonido del sermón.
Sin duda que la mente del hombre está encerrada
en un oscuro hechizo, pues todos se separan
del gozo junto al fuego, de los aires de Lidia,
del elevado diálogo con los que en gloria reinan.
Aún, aún repican, y sentiría un frío
y una humedad de tumba si no fuera consciente
de que están extinguiéndose cual vela consumida,
de que son los gemidos que exhalan al perderse
en el olvido, y pronto crecerán nuevas flores
y muchas maravillas de perdurable estampa.


ODA SOBRE LA MELANCOLÍA

I
No, no, no te dirijas al Leteo ni exprimas
el arraigado acónito de jugo venenoso;
no dejes que en la frente macilenta te bese
la belladona, uva roja de Proserpina;
no te hagas un rosario con las bayas del tejo,
ni conviertas tu lúgubre Psique en escarabajo
o en tétrica falena, y que no te acompañe
la suave lechuza en tu culto al pesar,
pues, sombra sobre sombra, caerán con su letargo,
sofocando la insomne zozobra de tu alma.

II
Mas cuando el arrebato melancólico caiga
del cielo, de repente, como nube llorosa
que alimenta a las flores decaídas y oculta
la colina florida con sudario de Abril,
sacia entonces tu pena con rosas matutinas,
o con el arcoíris de una ola en la arena,
o con la exuberancia de redondas peonías;
o si tu amada muestra un enfado ostentoso,
aprisiona su mano y deja que delire,
y aliméntate a fondo de sus ojos sin par.

III
Con la Belleza vive, que es mortal, con la Dicha,
que está constantemente con la mano en los labios
despidiéndose, y cerca del Placer doloroso,
que se torna en veneno cuando liba la abeja.
¡Ah!, y en el mismo templo del Goce la velada
Melancolía tiene su santuario supremo,
que sólo ve el que estalla las uvas de la Dicha
en fino paladar con lengua vigorosa:
saboreará su alma esa fuerza afligida,
y penderá entre aquellos trofeos nebulosos.

(Versiones de Alejandro Valero)


WRITTEN IN DISGUST OF VULGAR SUPERSTITION

The church bells toll a melancholy round,
Calling the people to some other prayers,
Some other gloominess, more dreadful cares,
More harkening to the sermon's horrid sound.
Surely the mind of man is closely bound
In some black spell; seeing that each one tears
Himself from fireside joys, and Lydian airs,
And converse high of those with glory crown'd
Still, still they too, and I should feel a damp, -
A chill as from a tomb, did I not know
That they are dying like an outburnt lamp;
That 'tis their sighing, wailing ere they go
Into oblivion; - that fresh flowers will grow,
And many glories of immortal stamp.


ODE ON MELANCHOLY

I
No, no, go not to Lethe, neither twist
Wolf's-bane, tight-rooted, for its poisonous wine;
Nor suffer thy pale forehead to be kiss'd
By nightshade, ruby grape of Proserpine;
Make not your rosary of yew-berries,
Nor let the beetle, nor the death-moth be
Your mournful Psyche, nor the downy owl
A partner in your sorrow's mysteries;
For shade to shade will come too drowsily,
And drown the wakeful anguish of the soul.

II
But when the melancholy fit shall fall
Sudden from heaven like a weeping cloud,
That fosters the droop-headed flowers all,
And hides the green hill in an April shroud;
Then glut thy sorrow on a morning rose,
Or on the rainbow of the salt sand-wave,
Or on the wealth of globed peonies;
Or if thy mistress some rich anger shows,
Emprison her soft hand, and let her rave,
And feed deep, deep upon her peerless eyes.

III
She dwells with Beauty—Beauty that must die;
And Joy, whose hand is ever at his lips
Bidding adieu; and aching Pleasure nigh,
Turning to poison while the bee-mouth sips:
Ay, in the very temple of Delight
Veil'd Melancholy has her sovran shrine,
Though seen of none save him whose strenuous tongue
Can burst Joy's grape against his palate fine;
His soul shalt taste the sadness of her might,
And be among her cloudy trophies hung.

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