Dos poemas de Seamus Heaney



LAS PURGAS TEMPRANAS

Tenía seis cuando por primera vez vi ahogar gatitos.
Dan Taggart los echaba, “pequeñas mierdas escuálidas”,
en un cubo; un frágil sonido metálico.

Suaves pezuñas arañando como locas. Pero su diminuto estrépito
pronto era sofocado. Los ponía junto a la boca
de la bomba y se dejaba correr el agua.

“¿No es mejor para ellos así?” decía Dan.
Como húmedos guantes flotaban y se hundían hasta que él
Los trasladaba al estercolero, lustrosos y muertos.

Aterrado, yo remoloneaba triste durante varios días
por el corral, observando los tres restos empapados
que se habían vuelto descoloridos y duros como estiércol de verano

Hasta que los olvidaba. Pero el miedo volvía
cuando Dan atrapaba ratas grandes, laceaba conejos, o disparaba
a los cuervos,
o, con un repugnante tirón, desnucaba gallinas.

Sin embargo, el vivir desplaza los falsos sentimientos
y, ahora, cuando se ahoga a cachorros que chillan,
me encojo simplemente de hombros, “Malditos cachorros”. Tiene
sentido:

Hablar de “Prevención de la crueldad” tiene efecto en la ciudad,
donde consideran la muerte algo antinatural,
pero, en las granjas bien organizadas, hay que atajar las pestes.



LA MUERTE DE UN NATURALISTA

Todo el año la presa de lino se ulceraba en el corazón
del pueblo, lino de flor pesada y verde
allí se había podrido, aplastado por enormes terrones.
Se cocía a diario bajo el sol de justicia.
Gárgaras delicadas de burbujas, moscardones azules
tejían una fuerte gasa de sonido alrededor del olor.
Había libélulas, mariposas moteadas,
pero lo mejor de todo era la baba cálida y espesa
de las huevas de rana que crecían como agua coagulada
a la sombra de las orillas. Aquí todas las primaveras
yo llenaba tarros de mermelada con los gelatinosos
granos y los colocaba en los alféizares de casa,
o en los estantes de la escuela, y miraba y esperaba hasta que
aquellos puntos engordaban y estallaban en ágiles
renacuajos nadadores. La señorita walls nos explicaba
que la rana papá se llamaba rana toro
y que croaba, y que la mamá rana
ponía cientos de huevecillos que eran las
huevas de rana. Por las ranas también podías predecir el tiempo,
pues se ponían amarillas con el sol y marrones
con la lluvia.

Luego, un día caluroso, cuando los campos apestaban
por las boñigas en la hierba, las ranas enfadadas
invadieron la charca de lino; me colé entre los setos
atraído por un tosco croar que no había oído antes.
El aire estaba denso por un coro de bajos.
Justo abajo había ranas panzudas alertas
sobre los terrones; sus cuellos fofos se hinchaban como velas
            algunas saltaban;
los chapoteos eran obscenas amenazas. Algunas quietas,
serenas como granadas de lodo, pedorreaban por sus chatas cabezas.
Sentí náuseas, me di la vuelta y salí corriendo. Los grandes reyes
            del légamo
se habían reunido allí para vengarse, y yo sabía
que si hundía la mano, la atraparían las huevas.

(Versiones de Margarita Ardanaz, con algunas modificaciones realizadas por esta casa).


THE EARLY PURGES

I was six when I first saw kittens drown.
Dan Taggart pitched them, 'the scraggy wee shits',
Into a bucket; a frail metal sound,

Soft paws scraping like mad. But their tiny din
Was soon soused. They were slung on the snout
Of the pump and the water pumped in.

'Sure, isn't it better for them now?' Dan said.
Like wet gloves they bobbed and shone till he sluiced
Them out on the dunghill, glossy and dead.

Suddenly frightened, for days I sadly hung
Round the yard, watching the three sogged remains
Turn mealy and crisp as old summer dung

Until I forgot them. But the fear came back
When Dan trapped big rats, snared rabbits, shot crows
Or, with a sickening tug, pulled old hens' necks.

Still, living displaces false sentiments
And now, when shrill pups are prodded to drown
I just shrug, 'Bloody pups'. It makes sense:

'Prevention of cruelty' talk cuts ice in town
Where they consider death unnatural
But on well-run farms pests have to be kept down.



DEATH OF A NATURALIST

All year the flax-dam festered in the heart
Of the townland; green and heavy headed
Flax had rotted there, weighted down by huge sods.
Daily it sweltered in the punishing sun.
Bubbles gargled delicately, bluebottles
Wove a strong gauze of sound around the smell.
There were dragonflies, spotted butterflies,
But best of all was the warm thick slobber
Of frogspawn that grew like clotted water
In the shade of the banks. Here, every spring
I would fill jampotfuls of the jellied
Specks to range on window sills at home,
On shelves at school, and wait and watch until
The fattening dots burst, into nimble
Swimming tadpoles. Miss Walls would tell us how
The daddy frog was called a bullfrog
And how he croaked and how the mammy frog
Laid hundreds of little eggs and this was
Frogspawn. You could tell the weather by frogs too
For they were yellow in the sun and brown
In rain.

Then one hot day when fields were rank
With cowdung in the grass the angry frogs
Invaded the flax-dam; I ducked through hedges
To a coarse croaking that I had not heard
Before. The air was thick with a bass chorus.
Right down the dam gross bellied frogs were cocked
On sods; their loose necks pulsed like sails. Some hopped:
The slap and plop were obscene threats. Some sat
Poised like mud grenades, their blunt heads farting.
I sickened, turned, and ran. The great slime kings
Were gathered there for vengeance and I knew
That if I dipped my hand the spawn would clutch it.


No hay comentarios. :

Publicar un comentario