Tu cabeza de arcángel italiano | Antonio Cisneros


I
(Jutka)

Tu cabeza de arcángel italiano no se conviene con esos ojos llegados
a caballo allende los Urales.
Pero eres bella como una fruta fuera de estación.
(Y dices que tu madre lleva el rostro de las antiguas hembras de
los hunos).
Amas los vinos fuertes y abundantes –el mar de España, dices–
y maldices
la luz de un patrullero a medianoche. Y no tienes papeles.

II
(El padre a Jutka)

–«El laberinto, Jutka, el laberinto. Sin ton ni son rebelde. No
conoces
del violín (que detestas) ni del hambre.
Naciste y nuestra casa era una casa vencida por la guerra. Y sin
embargo
tuvimos un invierno con pimientos y tocino salado. (Y noches en
silencio).
Nada sabes del tiempo en que la gloria era una rata roja –mi
amapola– asada en la trinchera.
Tu laberinto, Jutka, tu laberinto. De locos, no de rebeldes.
Crecen los altos pastos en perfecto silencio. Y temes tanta paz.
Amo la paz (no la paz de la oveja). Yo el hijo de la peste me
rebelo.
Y no mires así. Aquí nadie ha vendido su alma al diablo, ni soy
la mala hierba.
Brilla Mercurio sobre la tierra fresca.
Besa mis manos, Jutka. Ve a dormir».

III

Tras esa puerta quedan –por ahora– hombres y ratas mordiéndose
en la vieja memoria de tu padre
–a la espera del sueño de laurel.
Los jóvenes guerreros han llegado a la calle del Pez. El tío Miska
–ya muerto en la Cuaresma– grita en mal tuso: al diablo
con la guerra, caballeros, la guerra terminó.
Y tú sueñas también. Pero tus sueños no son unos soldados en la
calle del Pez.
(Silencio del obús y de la rata –roja como amapola).

IV

Naciste cuando el musgo envejecía entre los nuevos puentes sobre
el río.
Orden y construcción del socialismo.
y el recuerdo de la guerra era tan sólo un poco de ceniza con el
viento de invierno.
Mansos días en las verdes colinas bajo el sol.
Pero el orden también era el lamento o el grito oscuro bajo los
reflectores
y la paz de la oveja
–sonrisa del que busca una casita en las verdes colinas bajo el sol.
   (Besas sus manos).

V
(El sueño de Jutka)

La Guardia Blanca: Denikin
en los campos de Ucrania.
La Guardia Roja cabalga en la frontera.
No acepta el armisticio ni el reposo.
(Muerte a Denikin
& muerte a los bandidos de Polonia).
Graznan los patos sobre un bosque de abetos.

VI

Graznan los patos y se aman los muchachos bajo este cielo azul
como sus jeans.
Ignoran el violín y la opereta en el gran laberinto. Nada saben
del tiempo de las ratas. Y temen el silencio a medianoche.
Los grandes autos negros que cruzan el Danubio (azul) son
testimonio
de unos hombres antiguos –rebeldes y ordenados como el cabello
lacio. 



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