Dos poemas de Antonio Cisneros


PARACAS

Desde temprano,
crece el agua entre la roja espalda
de unas conchas

y gaviotas de quebradizos dedos
mastican el muymuy de la marea

hasta quedar hinchadas como botes
tendidos junto al sol.

Sólo trapos
y cráneos de los muertos nos anuncian

que bajo estas arenas
sembraron en manada a nuestros padres.


LOS CONQUISTADORES MUERTOS

I
Por el agua aparecieron
los hombres de carne azul,
que arrastraban su barba
y no dormían
para robarse el pellejo.
Negociantes de cruces
y aguardiente,
comenzaron las ciudades
con un templo.

II
Durante ese verano de 1526
derrumbóse la lluvia
sobre sus diarios trajines y cabezas,
cuando ninguno había remendado
las viejas armaduras oxidadas.
Crecieron también negras higueras
entre bancas y altares,
en los tejados
unos gorriones le cerraban el pico
a las campanas.
Después en el Perú nadie fue dueño
de mover sus zapatos por la casa
sin pisar a los muertos,
ni acostarse junto a las blancas sillas
o pantanos
sin compartir el lecho con algunos
parientes cancerosos.
Cagados por arañas y alacranes,
pocos sobrevivieron a sus caballos.


(Comentarios reales. 1964).

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