Tres poemas de Günter Grass



NORMANDÍA

Los búnkeres de la playa
no pueden deshacerse de su hormigón.
A veces llega un general semidifunto
y acaricia las troneras.
O bien los pueblan turistas
por cinco atormentados minutos.
Viento, arena, papel y orina:
la invasión no cesa.


FELICIDAD

Un autobús vacío
se precipita en la noche cuajada de estrellas.
Tal vez cante su conductor
sintiéndose feliz


EL REY LEAR

En el vestíbulo,
en todos los vestíbulos de hotel,
en un sillón hundido,
de club o de cuero, pero de mimbre nunca,
entre participantes prematuros de congresos
y sillones vacíos que desempeñan su papel,
rara vez saludado y en cualquier caso con reserva,
él se sienta, isla que los camareros circunnavegan,
y no olvida nada.
Su duelo se complace en sí mismo
y se ríe con doce músculos de un lado.
No oye mucho pero sí todo
y contradice a la alfombra.
Quita mentalmente los estucos,
apartándolos con las cejas.
Hasta que pierden su revestimiento dorado
y surgen ángeles barrocos.
La iglesia envía soplones;
él necesita comparsas.
Inútilmente lo imitan demasiados espejos.
Sus hijas son anécdotas.
En el Hotel Sacher llaman al señor Kortner.
El señor Kortner hace saber que está ensayando.
En el vestíbulo, en su sillón, alguien se hace el muerto

y se reúne con Kent en el brezal.

Versiones de Miguel Sáenz.

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