Un cuento de Issak Dinesen | Luis Antonio de Villena





Hay noches en que pienso que tendré que irme
entonces me parece raro ser tenaz y hasta tener cobijo.
Pienso en dejar que la casa envejezca
y que todo se vaya deteriorando conmigo.
Que sea todo viejo cuando el viaje se acabe
y el fin de la noche sea el fin del invierno.
Somos soldados en tormentas de nieve,
capitanes que sueñan en un puerto lejano,
buscadores de oro en ríos sucesivos…
Pero una noche, en un puerto cualquiera,
sabes que ese viaje habrá de interrumpirse.
La caza se acabó, las tabernas, el oro y la ventisca.
Sentado en una hamaca mirarás tranquilo
todo lo que se va sin ti, todo lo que ya no existe.
Brilla el amor lejano y en las montañas nieva…
Adios. El viaje sin destino te abandona.
Solo fue un sueño la verdad del mundo, lo sabías.
El hueco de la mano pareció un gran rey.
Y el barco que era tuyo —sin ti— se pierde ya en la bruma.

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