Dos poemas de Robert Graves


ADVERTENCIA A LOS NIÑOS

Niños, si os atrevéis a pensar
en la grandeza, la rareza, la demasía,
la escasez de este precioso, único
e infinito mundo en el cual decís
habitar, pensad en cosas así:
bloques de pizarra circundando manchas
rojas y verdes, circundando redes
amarillo leonadas, circundando blancas
y negras superficies de dominó
donde un pulcro paquete de papel marrón
te invita a que desates el cordel.
En el paquete una pequeña isla,
en la isla un gran árbol,
en el árbol una fruta cascaruda.
Arranca la corteza y hiende la piel:
en la semilla verás
bloques de pizarra circundados por manchas
rojas y verdes, circundadas por redes
amarillo leonadas, circundadas por blancas
y negras superficies de dominó,
donde el mismo paquete de papel marrón—
¡niños, no toquéis el cordel!
Quien se atreve a desatar el paquete
se encuentra de súbito dentro de él,
en la isla, en la fruta,
bloques de pizarra rodeando su cabeza,
se encuentra circundado por manchas
verdes y rojas, circundado por redes
amarillo leonadas, circundado por negras
y blancas superficies de dominó,
con el mismo paquete de papel
aún sin abrir en sus rodillas.
Y si entonces se atreve a pensar
en la escasez, la demasía, la rareza,
la grandeza de este infinito, único
y precioso mundo en el cual dice
habitar —entonces desata el cordel.


EL ESPEJO CANDELABRO

Perdida casa solariega donde camino siempre
como un fantasma, aunque en carne y sangre de mujer.
Subiendo tus anchas escaleras, subiendo con abiertos dedos
y deslizándome resuelto por tus corredores
llego por costumbre nocturna a este cuarto,
aún en sofocantes mediodías llego
tirado por el hilo del recuerdo en tiempo hundido.
Vacío, salvo la gran cama ceremonial
cubierta por mohosas cortinas que sesgadas cuelgan
(un teatro de títeres donde un maligno capricho
puebla del miedo los bastidores). A mi derecha
pende un cordón deshilachado pronto
a reclamar de los sombríos áticos
los servicios de fantasmas más viejos; aquí, a mi izquierda,
un adusto espejo-candelabro, rajado de lado a lado,
se niega a mostrar el rostro (como los espejos nuevos)
con un falso sonrojo, lo muestra melancólico
y pálido, como se vuelven los rostros que se miran en espejos.
¿No hay vida, nada salvo la delgada sombra
y el mudo presentimiento? ¿Nunca una rata entre los muros
royendo un mendrugo? ¿O en la ventana
una mosca, un moscardón, una araña famélica?
Las ventanas enmarcan un panorama de cielos fríos
a medias fundidos con el mar, como en el albor de la creación—
abstracto, confuso oleaje. Vuélvete,
mejor escudriña en el espejo una vez más, toma nota
de ti, los labios grises y el pelo largo en desorden,
ojos fijos, con sueño. Ah, espejo, por amor de Dios
dame una señal de que aún permanece allí
remota —más allá de este misterio isleño,
mientras sea de este lado de la Esperanza, en alguna parte,
en riachuelos, en pastos montañosos y soleados—
la verdadera vida, el natural respiro y no este fantasma.


THE PIER-GLASS

Lost manor where I walk continually
A ghost, though yet in woman’s flesh and blood.
Up your broad stairs mounting with outspread fingers
And gliding steadfast down your corridors
I come by nightly custom to this room,
And even on sultry afternoons I come
Drawn by a thread of time-sunk memory.
Empty, unless for a huge bed of state
Shrouded with rusty curtains drooped awry
(A puppet theatre where malignant fancy
Peoples the wings with fear). At my right hand
A ravelled bell-pull hangs in readiness
To summon me from attic glooms above
Service of elder ghosts; here, at my left,
A sullen pier-glass, cracked from side to side,
Scorns to present the face (as do new mirrors)
With a lying flush, but shows it melancholy
And pale, as faces grow that look in mirrors.
Is there no life, nothing but the thin shadow
And blank foreboding, never a wainscot rat
Rasping a crust? Or at the window-pane
No fly, no bluebottle, no starveling spider?
The windows frame a prospect of cold skies
Half-merged with sea, as at the first creation—
Abstract, confusing welter. Face about,
Peer rather in the glass once more, take note
of self, the grey lips and long hair dishevelled,
Sleep-staring eyes. Ah, mirror, for Christ’s love
Give me one token that there still abides
Remote—beyond this island mystery,
So be it only this side Hope, somewhere,
In streams, on sun-warm mountain pasturage—
True life, natural breath; not this phantasma.


WARNING TO CHILDREN

Children, if you dare to think
Of the greatness, rareness, muchness,
Fewness of this precious only
Endless world in which you say
You live, you think of things like this:
Blocks of slate enclosing dappled
Red and green, enclosing tawny
Yellow nets, enclosing white
And black acres of dominoes,
Where a neat brown paper parcel
Tempts you to untie the string.
In the parcel a small island,
On the island a large tree,
On the tree a husky fruit.
Strip the husk and pare the rind off:
In the kernel you will see
Blocks of slate enclosed by dappled
Red and green, enclosed by tawny
Yellow nets, enclosed by white
And black acres of dominoes,
Where the same brown paper parcel—
Children, leave the string alone!
For who dares undo the parcel
Finds himself at once inside it,
On the island, in the fruit,
Blocks of slate about his head,
Finds himself enclosed by dappled
Green and red, enclosed by yellow
Tawny nets, enclosed by black
And white acres of dominoes,
With the same brown paper parcel
Still unopened on his knee.
And, if he then should dare to think
Of the fewness, muchness, rareness,
Greatness of this endless only
Precious world in which he says
He lives—he then unties the string.


Versiones de Claribel Alegría & Darwin J. Flakoll.

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